Tuesday, October 21, 2008

La Fonteta:
Una ciudad fenicia
en Occidente*

*(Publicado en Revista de Arqueología, núm. 190, año XVIII, febrero 1997)



 

Las excavaciones e investigaciones que se están realizando en La Fonteta (Alicante), han puesto de relieve la importancia de la colonización fenicia en esta parte del litoral español, hasta el punto de que se puede afirmar que estamos ante una de las ciudades fenicias más importantes de Occidente.
 

Texto y fotos: Alfredo González Prats, Antonio García Menarguez y Elisa Ruiz Segura.

   Durante los meses de septiembre, octubre y parte de noviembre de 1996, se ha llevado a cabo la primera campaña de excavaciones ordinarias en el paraje conocido como La Fonteta, inmerso en las du nas de Guardamar del Segura*.
   Los objetivos de la campaña se traducían, por un lado, en el descubri miento de una amplio tramo de muralla y, por otro, en la delimitación del espacio habitado situado al exterior de la misma.  Así, iniciábamos una actuación tendente a establecer en firme la extensión del yacimiento, que rebasa con mucho el perímetro actualmente vallado.
 Dada la incidencia que inevitablemente producen las excavaciones ar queológicas en el ámbito medioambiental de las Dunas de Guardamar debido, no tanto al necesario sacrificio de pinos, como a la evacuación y traslado de las arenas y tierras que cubren la ciudad fenicia, se hace necesario un vasto proyecto de actuación que armonice los intereses de ambos patrimonios, el arqueológico y el natural.
   En una de las vaguadas inmediatas al lienzo meridional del perímetro defensivo, allí donde en parte se vertieron de forma indiscriminada toneladas de piedras y arena procedentes de la campaña de 1991 en el yacimiento superior de La Rábita, que afectó un tramo de muralla fenicia tenida por islámica, tuvimos la fortuna de detectar un mínimo espacio desprotegido de dunas.  El sondeo previo realizado obtuvo un rotundo éxito, por lo que se dispuso abrir un área de 10 x 11 metros. El registro de esta zona ­Corte A25- ha proporcionado una secuencia estratigráfica que consta de tres paquetes sedimentarios diferenciados.  La fase más reciente -IA- conforma un relleno de estratos de color gris depositado en forma de bolsadas que buzan colmatando las fosas producidas por un proceso erosivo (riada?) que afectó a los restos de la fase anterior.  No hay en este momento signos de estructuras de habitación, por lo que el lugar parece haberse utilizado como vertedero de detritus domésticos.  La  fase IB viene determinada por los restos de una gran vivienda con paredes de tapial anaranjado, en cuya base se  alojan piedras a modo de zócalo.  El registro estratigráfico ha manifestado la existencia de dos momentos en la construcción de esta casa.  El más antiguo parece disponer de estancias  de mayor tamaño, para después multiplicar el número de éstas reduciendo el espacio de habitación que mantiene la anchura regular de los 2 m. Los estratos que generan los interiores de tales dependencias han proporcionado ricos conjuntos cerámicos.  Por fin, la fase más antigua ­IC- se muestra a través de una formación sedimentaria de color marrón rojizo que se aclara conforme descendemos.  Proporciona poco material arqueológico, pero en su lecho se detectan restos de estructuras endebles de color ceniciento (hoyos de postes y restos de tabiques de entramado vegetal) que sospechamos puedan corresponder al momento más antiguo de la gran vivienda de la fase IB.
   El conjunto de la cultura material exhumado en A25 resulta sorprendente y nos ilustra, en el campo de la cerámica, todo el repertorio tipológico de la cerámica fenicia: ánforas de hombro carenado A1, platos grises, vasos con decoración monocroma y bicroma y un rico elenco de la cerámica de engobe y barniz rojo: lucernas, platos de ala, cuencos carenados, oinokhoai de boca de seta, trípodes, etc. Junto a todo ello, un elevado número de fragmentos de huevos de avestruz con ocre rojo en su interior y algunos con motivos bicromos pintados por la superficie externa.  En el suelo de una de las habitaciones de la fase IB (Ib8) se recogieron escorias de fundición de bronce.
   La datación de las tres fases viene determinada, tanto por la que arrojan algunos indicadores cronológicos, como es el caso de los platos y oinokhoai de barniz rojo, como por los hallazgos puntuales de importaciones griegas (cerámica protocorintia en la fase I y cerámica de Grecia del Este en la fase IA).  En espera del inventario minucioso de todo el material arqueológico, nos atreveríamos, con lo que hemos ido viendo directamente en el transcurso de la campaña, a manejar la siguiente propuesta cronológica:

Fase IA: 630-590 AC
Fase IB: 720-630 AC
Fase IC: Sin elementos de juicio.

   Por su parte, la actuación en la línea de muralla ha producido el afloramiento de 60 metros lineales de lienzo defensivo, articulando una de las esquinas del perímetro de la ciudad con un bastión, al parecer de forma cuadrangular, que no ha podido ser excavado totalmente en la presente campaña.  La técnica de construcción se basa en el empleo de piedras medianas de arenisca, calcarenita y duna fósil, muy blandas, con las que se ha conformado un robusto muro que ofrece una anchura entre 4 y 5 m. El análisis del recorrido aflorado pone de manifiesto la existencia de cuerpos centrales verticales a los que se adosan forros o refuerzos en talud, lo que genera en la base espesores que pueden superar los 7 m.
   Una sofisticado solución arquitectónica se aplicó a la muralla con el fin de evitar su destrucción o deterioro, debido posiblemente a la existencia de fenómenos sísmicos, tan característicos en el Bajo Segura: en determinados puntos unos tirantes o correas con alzado superior de adobes se situaban transversalmente separando tramos del encintado, evitando que las tensiones o problemas de estabilidad se transmitieran a lo largo de la muralla.  Otro fenómeno que hemos observado en la obra es la reutilización de sillares procedentes de construcciones anteriores -no sabemos si defensivas o de otro carácter-.  De modo paralelo, resulta interesante la reutilización de estelas-betilos procedentes, con plena seguridad, de un área religiosa o funeraria arcaica, que han sido retiradas en la excavación de la capa de derrumbe de la muralla.
   Uno de los cortes planteados juntoa la cara interna de la muralla en un tramo con alzado de sillares -su tosca disposición parece indicar que se trata de una reutilización- ha venido a completar la información sobre la historia de los acontecimientos de la ciudad portuaria de La Fonteta.  En efecto, el Corte A7 nos ha proporcionado la evidencia de habitáculos adosados al forro en talud de la cara interna del lienzo de fortificación.  Las dos dependencias halladas presentan muros de piedra que conservan una altura de 1,50 m, sobre la que se levantan adobes cuadrangulares grises de 10 cm de espesor tomados con barro anaranjado.  Una compleja sedimentación se estratificó cubriendo la altura original de las dependencias, con una alternancia de lechos de adobes caídos y bolsadas grises con una gran abundancia de restos de comida, básicamente caracoles.  La base y el techo de dicha colmatación ofrecen suelos con hogares repetidos. Los adobes exhumados presentan signos de alteración térmica, ofreciendo un módulo estándar aproximado de 30×25xl0cm.  Los que se recuperaron crudos ofrecen un entramado a base de barro y algas (posidonias), mientras otras pellas de barro poseen improntas de cañas, siendo exponente de la caída de la techumbre o de un piso superior.  El paquete da la sensación de tratarse de una fase de relleno, a base de escombros trastocados y bolsadas de detritus una vez arruinada o destruida la vivienda adosada a este punto de la muralla.  Por debajo aparece una fase anterior con restos de nuevas edificaciones.  En este punto se interrumpió la campaña.
 Lo más destacable del Corte A7 es que nos permite comprobar cómo el asiento de la línea interna de sillares y su correspondiente forro ataludado se quedan descolgados con respecto al nivel del suelo de las estancias adosadas, cuyas paredes se enfundan contra el armazón defensivo, descendiendo bastante por debajo de la línea de asiento.  La fase de viviendas que empieza a detectarse por debajo se encuentra ya pisada por el propio asiento de la muralla, lo que nos indica la existencia de fases de habitación previas a la erección del recinto defensivo.
La cerámica griega del Este aparecida en los estratos de colmatación citados podría permitir, inicialmente, un sincronismo con la fase IA de colmatación del Corte A25, derivándose de ello una cronología de mediados-tercer cuarto del siglo VII para la erección de las murallas, al menos en el tramo en contacto con A7.
 Resulta prematuro bosquejar conclusiones de trabajo dada la magnitud del yacimiento y a pesar de lo completo y rico del registro de la campaña de 1996, pero inicialmente trabajaríamos con la hipótesis de que la construcción de las murallas es una realización relativamente reciente en la historia de este enclave colonial fenicio.  Pisa literalmente la fase IB detectada en A25, y la propia reutilización en su construcción de material arquitectónico de sabor más arcaico -sillares y estelas- así parece indicarlo.  De ello se deduce que ningún cálculo de extensión ni de densidad demográfica puede ceñirse al área delimitada por el cinturón defensivo.  La existencia de casas antiguas fuera de las murallas así lo confirma, y nos emplaza ante la posibilidad de un perímetro originario, o más amplio, o desplazado de lo que constituye el perímetro de la segunda fase de la ciudad.  Sea éste uno de los objetivos para comprobar en futuras campañas.  Hoy sólo nos queda mirar con recelo algunas elevaciones dunares formadas, de modo anómalo, en sentido transversal al de las dunas de la pinada.
Las excavaciones de 1996 en La Fonteta han comenzado a colmar las expectativas que habíamos ido albergando desde que se nos mostraron las primeras cerámicas fenicias en 1985.  Estamos ante una instalación fenicia en la desembocadura del río Segura, cuyas dimensiones parece configurar un entorno urbano que bien pudo alcanzar las 8 Ha, traduciéndose en una de las principales ciudades fenicias del Mediterráneo.  Si a su extensión y a la calidad del registro arqueológico le añadimos ese especial estado de conservación propiciado por la cubierta de arenas, nos encontramos sin duda ante una de las mejores ciudades fenicias de los siglos VIII y VII AC, superando a muchos centros clásicos de la civilización fenicia, tanto en Occidente, como en el propio lugar de origen.  De nuevo se pone de relieve el mismo fenómeno que tradujeron los trabajos del Instituto Arqueológico Alemán en las décadas de los 60 y 70 en las costas andaluzas: el conocimiento de los rasgos del mundo fenicio está siendo posible gracias a los descubrimientos realizados en las colonias de ultramar.
La gran ciudad portuaria de La Fonteta disponía, desde el inicio de su fundación en el siglo VIII, de una articulación territorial característica que incluía un santuario ubicado en el Castillo de Guardamar-donde en época ibérica se constata un templo con ofrendas de pebeteros de Koré-Demeter- que seguramente hubo de acoger la advocación a una Astarté protectora de la navegación (“Venus Marina”) en un punto crucial para la visibilidad náutica.  Detrás del santuario, en un nuevo recodo del río Segura, la fortificación del Cabezo del Estaño (castellanización incorrecta de “estany” = “laguna”) se erigía en vanguardia de la implantación urbana de la desembocadura, pudiendo hablarse, pues, de la reproducción de un modelo de ocupación característico en el que sólo faltaría constatar una presencia arcaica en el cercano islote de Tabarca.
Sea como fuere, la ubicación de este complejo portuario, eminentemente comercial, pero en donde no hay que olvidar el potencial agrícola de las tierras de labor sepultadas hoy bajo la capa dunar, en pleno Sudeste de la península ibérica, hubo de resultar crucial para la propia dinámica de la colonización fenicia en Occidente, ya que se trata de la primera ciudad peninsular estable en el confín de la ruta de las islas.  El papel que debió jugar el puerto de Guardamar en la colonización de Ibiza se nos va manifestando conforme analizamos los rasgos culturales que se han empezado a conocer.  Parece claro que lbiza está ya fundada en el siglo VII -si no en el VIII-, y por gentes no precisamente cartaginesas, sino fenicias occidentales.  Las pastas cerámicas de Sa Caleta son las mismas que las de los vasos fabricados en los centros de la costa andaluza (Guadalhorce, Toscanos, Mezquitilla, Chorreras) y son las mismas que las de las vasijas de Guardamar.
De todos modos, Ibiza debió de servir como transmisora de los flujos comerciales y culturales orientados desde el Mediterráneo central.  Así lo señalan las estelas funerarias del santuario o tophet de La Fonteta -al estilo de ciertos ejemplares de Mozia, Cartago e Ibiza- y alguna muestra de la orfebrería con paralelos en Tharros, Cartago y Norte de África.
La presencia de gentes orientales en la desembocadura del Segura obedece, ciertamente, a la propia implantación fenicia en Occidente, viniendo a echar por tierra las tesis que veían en el Levante meridional y Sudeste un pálido reflejo de ese proceso de colonización del mediodía peninsular y, de paso, aquéllas que databan esa presencia en un momento tardío de dicho fenómeno.  Los objetos de bronce, marfil y vidrio hallados en los estratos del Bronce Final de La Peña Negra, en la vecina Sierra de Crevillente, nos alertaron hace diez años de la precocidad de los contactos con el mundo fenicio ya en el siglo IX y, con más asiduidad, en el VIII a.C.
Hoy queda claro que el foco metalúrgico de tipología atlántica de Peña Negra I actuó de reclamo directo para la llegada -si es que no se desarrolló como respuesta a su presencia- de gentes orientales que se beneficiaron de la producción metalúrgica de la Sierra de Crevillente, a un tiro de piedra de la desembocadura del Segura.  La pronta presencia fenicia en Peña Negra llevaría, en el paso del siglo VIII al VII, a la instalación de una pequeña factoría exótica dedicada a la elaboracion de cerámicas, principalmente en los sectores 7 y 8 de la gran ciudad orientalizante que, en 1983, identificamos con la Herna de la Ora Maritima, un floreciente centro de mercado en donde confluían variadas rutas comerciales y encrucijada de gentes y productos variopintos.
La dinámica comercial debió de ser tal, que ya en el siglo VIII asistimos a la instauración en el eje del Sudeste del primer sistema monetal del Mediterráneo occidental traducido en barras planas de metal (cobre, bronce y plomo), como se ha comprobado con las dos piezas de La Fonteta (A7 y A25).
En definitiva, una de las mayores y mejor conservadas ciudades del mundo fenicio ha comenzado a ser excavada, lo que propicia que las expectativas del Proyecto de Investígación La Fonteta sean amplias y ambiciosas.  Estamos ante el único centro fenicio en la Comunidad Valenciana y las administraciones y entidades públicas y privadas han de concienciarse de lo que su apoyo puede significar para el patrimonio histórico-arqueológico representado por La Fonteta, inmerso en un patrimonio natural maravilloso.
 
 
 

NOTAS

*Los trabajos han sido subvencionados por la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Consellería de Cultura, Educación y Ciencia de la GeneralitatValenciana y por el Muy Ilustre Ayuntamiento de Guardamar, con una inversión global de alrededor de cinco millones de pesetas.
El Proyecto de Investigación se incardina en el que, con el epígrafe Colonización fenicia en el Sudeste de la Península ibérica e interacción culturalcon las comunidades inldígenas, dirige el Prof.  Gonzá lez Prats del Área de Prehistoria de la Universidad de Alicante y aúna los esfuerzos de este centro con los del Museo Arqueológico y Etnográfico de Guardamar.
La resolución de fecha 4 de julio de 1996 al expediente núm. 73/89, inauguraba el proyecto de investigación, recuperando el topónimo con que fue presentado el yacimiento en 1986 en el Ministerio de Cultura en el marco del Comité Español para los Itinerarios Culturales de Epoca Fenicio-Púnica, del que uno de nosotros fue nombrado miembro asesor en representación de la Comunidad Valenciana.

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A. González Prats, “La Fonteta. El emporio fenicio de la desembocadura del río Segura”, Sapanu. Publicaciones en Internet III y IV (1999-2000) [http://www.labherm.filol.csic.es]


 
 

LA FONTETA, 1998


 Memoria preliminar de los trabajos realizados
 durante la 3ª campaña de excavaciones ordinarias
Expte. 73/89
 


 Alfredo González Prats y Elisa Ruiz Segura
 Universidad de Alicante

 Desde el dia 13 de julio hasta el 15 de octubre del presente año se ha llevado a cabo el desarrollo de los trabajos relativos a la tercera campaña de excavaciones ordinarias en el yacimiento fenicio, objeto de nuestra actuación desde 1996.

   La primera quincena de julio, mientras se esperaba la autorización de excavaciones, procedimos a realizar trabajos de planimería pendientes y a preparar las áreas que se iban a abrir en la tercera campaña.

   Los Cortes 9 y 10 fueron señalizados tras la retirada de las terreras de otros años y de la capa de arena dunar. Como dicha acción no pudo ser realizada antes del mes de septiembre, la excavación de ambos Cortes ha insistido únicamente en los estratos A1a, A1b y A1c, que se impostan sobre el nivel de derrumbe de las murallas. El hallazgo de gran cúmulo de piedras y sillares procedentes de ésta, a más de 20 m. de la línea de erección, nos habla, una vez más, de la imponente altura que alcanzó la obra defensiva, superando con facilidad la decena de metros.

   En el Corte 8 se ha procedido a continuar el descenso tras la serie estratigráfica A3. El testigo dejado el año anterior entre las áreas A y B se ha desmantelado para permitir mejor la excavación del horno circular de adobes hallado en la anterior campaña. El nuevo se ha trasladado más hacia oriente y arranca de la secuencia estratigráfica en que nos quedamos en 1997.

   El depósito A4, que muestra varios lechos arenosos y cenicientos, se imbrica sobre la serie B8 que corresponde al asiento de barro y piedras de la muralla. El estrato B9 se ha mostrado con una amplitud de registro material inesperada, procurando hallazgos de diversa índole, incluido un vaso griego -ánfora- de posible origen o inspiranción corintia, recuperado en un 40%.

   El depósito B10 corresponde a la capa de barro y piedras depositada sobre las ruinas de las viviendas de Fonteta III. La presencia de nuevas dependencias de habitación de esta fase conforma cuatro espacios nuevos, articulados a través de muros con zócalo de mampostería cuyo alzado de adobe o tapial ha sido alterado por los depósitos superiores. En su formación se incluyen muchos cantos de piedras alóctonas, como metabasitas, granitos y miscasquistos. En alguna de estas dependencias ha sido posible individualizar varias líneas de suelos -la serie B11-.

   Por debajo de esta fase, el estrato B12 representa un  momento previo a la construcción de las casas de Fonteta III que podría relacionarse con Fonteta II. Así parece confirmarlo el registro del Corte 5.

   Ya en la base, se ha detectado un conjunto de tres pequeños hornos metalúrgicos cuya actividad ha generado un enrojecimiento de las partes afectadas del estrato de base. En relación con esta zona de actividad metalúrgica, que ha proporcionado restos de escorias metálicas, existen varios canales estrechos practicados en la arcilla de base que van a desembocar en una gran fosa, todo ello relleno de arena, entre la que se produce algún que otro hallazgo cerámico.

   En la zona 8A se ha terminado de aflorar completamente el horno circular de adobes. Conserva aún un alzado de 60 cm en su lado meridional y su interior aparece con un suelo de terracota gris agrietada en donde se aprecian improntas puntuales de estera de esparto, así como huellas de dedos en las paredes del horno, mostrando cómo se enlucieron. Ni el relleno ni el depósito alrededor han mostrado huella alguna de su posible función, que presumíamos metalúrgica de acuerdo con la información a este respecto que se ha ido mostrando desde el inicio de las excavaciones. Dada la diferencia de altura entre la base interior y exterior del horno, es posible que existan varios suelos de actividad. No han sido cortados mientras no podamos disponer de una cobertura de protección estable de los Cortes, ya que la importancia de estas estructuras, cara a la puesta en valor del yacimiento, no aconseja cubrirlas nuevamente. Lo que ha sido posible discernir es su posición cronológica: aparece embutido en la serie B8-B9 y sellado por la seie A3, por lo que parece corresponder a la fase Fonteta V o, mejor, Fonteta IV. Ha sido consolidado con una imprimación de PRIMAL AC-33 y cubierto con plásticos con el fin de evitar su deterioro por la incidencia de las lluvias.

   El registro de las fases de actividad metalúrgica del Corte 8 incluye un soberbio mazo de minero con doble hendidura, varios fragmentos de moldes, de nuevo de hachas de apéndices laterales, y escoria (cobre, hierro y plomo).

   El Corte 5 se situa, adyacentemente, a oriente del Corte 8 y se ha hecho llegar hasta la propia línea del paramento vertical de la muralla que ya ha realizado un ángulo y presenta aquí dirección N-S.

   Las expectativas de hallar alguna estructura de habitación, habida cuenta de su inexisencia en la fase reciente de Fonteta en el Corte 8, se vieron colmadas tras retirar los estratos superficiales Ia1b y Ia1c. Naciendo de la muralla localizamos un el zócalo de mampostería de un muro dispuesto en sentido N-S. La caida de piedras y barro de la muralla no permitió conservación alguna de la superestructura de tapial o adobes de los restos de esta nueva vivieda que se manifestaba. Formaba ángulo redondeado con la pared septentrional de la misma vivienda. En su interior se halló, entre diverso material arqueológico, gran parte de un cinturón articulado de góblulos hemiesféricos de bronce, que irían  remachados a una base de cuero hoy desaparecida. Parece ofrecer la misma disposición que el cinturón hallado en 1980-81 en la fase PN II del yacimiento de La Peña Negra.

   En una cota ligeramente inferior, adosada a la cara interna de la muralla, que constituye la pared meridional de la vivienda, aparecen restos de suelos quemados de terracota conformado una tahona polilobulada. El registro estratigráfico por debajo del muro occidental de esta casa apuntaría a una fase anterior a dicha vivienda para las tahonas, apareciendo otra justamente en la vertical de dicho muro.

   Con el fin de obtener una visión conjunta de las estructuras arquitectónicas eliminamos el testigo que inicialmente dejamos entre el Corte 8 y el Corte 5. Habida cuenta, también, de que ya se había establecido un testigo hacia la mitad del Corte 8, donde continuar el regstro estratigráfico iniciado en la campaña anterior.

   De nuevo, el paquete IA3, correspondiente a Fonteta VI, se mostró pródigo en hallazgos, habida cuenta del carácter de vertedero del mismo sobre esta parte de la ciudad. Hacia la parte septentrional de la zona B del Corte, se detectó por vez primera un suelo de adobes de color anaranjado que presentaba un fino lecho de arena sobre él y entre las uniones de las piezas de barro. Venía delimitado por una hilera circular de piedras. El análisis de cómo afectaba a la pared septentrional de la casa hallada parece indicar, junto al hecho de que en el interior de la misma faltara el depósito IA3, su posterioridad o, como mucho, contemporaneidad a la fase de vertedero,  ya que pisa el tramo inferior de dicho depósito. Proponemos, pues, esta estructura de habitación como una vivienda o cobertizo aislado de Fonteta VIB.

   Cubierto por el depósito IA3 aparece hacia el sector meridional de la zona A del Corte un pequeño cubículo formado por tres muros, siendo el septentrional de considerable anchura (0,80 m). Aparece perfectamente enlucido por su interior, cuyo relleno muestra escaso material arqueológico, con finos suelos amarillos. Ignoramos su funcionalidad, pero podríamos estar ante los restos de un pequeño aljibe. Su posición estratigráfica lo hace pertenecer a Fonteta V o Fonteta IV.

   Por debajo del estrato IA3 se retira el depósito IA4, con la contextura de una deposición de finas capas englobadas en una amplia bolsada. Ninguna estructura se asocia a este paquete. Proporciona un mayor índice de hallazgos de cerámica de barniz rojo.

   La fina capa IB9 que por debajo mismo de la muralla y del presunto aljibe ofrecía escasos centímetros de espesor, ha indo incrementado éste progresivamente hasta registrarse en el perfil septentrional con un espesor de hasta 25 cm. De aquí procede la mayor parte del ánfora griega hallada, situada en la cota superior del estrato. La riqueza del conjunto material recuperado conforma un valioso instrumento de análisis ´para diagnosticar la cronología de la formación de este depósito formado con anterioridad a la instalación del potente sistema defensivo de Fonteta IV. Este paquete de cenizas con abundante material podría relacionarse con el estrato de idéntica denominación Ib9a que en el Corte 14 de 1997 se insertaba entre dos fases de estructuras de habitación de Fonteta III. En dicho estrato se documentó un pequeño hogar con base de fragmentos cerámicos.
   Por debajo de este depósito, el estrato IB10, de textura arcillosa y compacto, sellaba una fase de estructuras domésticas correspondientes a Fonteta III. De nuevo, se articulaban siguiendo la misma orientación que las anteriores viviendas de la misma fase afloradas el año anterior. En el Corte 8 se manifestaron dos dependencias angulares. La mayor se sitúa en la vertical de la muralla, ocultando ésta la pared meridional. Se observan, en cambio, las otras tres paredes cuyo vano no parece hallarse en ninguno de los puntos. Con casi plena seguridad debe haberse practicado en la pared que queda oculta en el perfil meridional. La no coincidencia de la línea de muralla con este muro inferior se debe a que se introduce en dicho perfil de forma ligeramente oblícua.

   Esta dependencia del conjunto urbanístico de Fonteta III ofrecía en el ángulo SO. un hogar complejo, formado por tres cubetas. Dos eran tangentes, mostrando una forma bilobulada. La tercera,  separada unos 25 cm. al Este. Las primeras mostraban tras la capa de alteración térmica un suelo de fragmentos cerámicos, que descansaban a su vez sobre un suelo de guijarros. La ultima sólo mostró el suelo de pequeñas piedras.

   La dependencia menor situada hacia el norte, mostraba un vano de 0,70 m. y deparó un depósito gris -estrato IB11- que proporcionó abundante matrial arqueológico. Este mismo depósito presentaba al exterior, al oeste de la pared donde se sitúa el vano de acceso, dos estratos (B11a y B11b) separados por un pavimento de barro anaranajdo.

   Por debajo de estas unidades arquitectónicas de Fonteta III, hallamos una disimetría en la sedimentación arqueológica. La zona meridional proporciona de inmediato el lecho de arena IB12, donde sigue registrándose algún material arqueológico, descansando a su vez sobre el suelo de base IB13/IC. En cambio, en la mitad septentrional, hallamos un estrato nuevo gris que está pisado por la dependencia más pequeña referida que se ha denominado IB11c. Ha proporcionado un excelente material de barniz rojo y abundantes muestras de actividad metalúrgica. Con los datos extraidos del Corte 5N/6 tendríamos en esta zona el primer depósito firme de Fonteta II, que únicamente pudo ser estudiado en 1996 en el Corte 25, alejado de la vertical de la muralla E-O. Este estrato descansaba sobre el arenoso B12 que rellenaba canalillos y dos grandes cubetas practicadas en la base.

   La actuación en el sector C del Corte 5 deparó, tras la limpieza de la capa acumulada después de la excavación de los estratos superiores en 1996, el hallazgo de una estructura de adobes rectangulares, dispuestos en tres hileras en sentido E-0. La delmitación de esta estructura produjo una zona libre de adobes justo junto al chaflán del interior del codo de la muralla, permitiendo descender por debajo de la cota del suelo de adobes. Se afloraron tres hiladas más de la muralla, pero como el espacio era mínimo, el descenso se pospuso cuando en la próxima campaña se abriera el resto de la zona C del Corte, donde presuntamente se ha señalado el cierre de la vivienda aflorada perteneciente a Fonteta VIB.

   El retraso de las labores de vaciado de arena y tierras debido a la supeditación a las posibilidades de agenda de disponer de la pala mixta, y el interés del estudio de la nueva estructura de adobes aflorada, condcionó como labor última de la campaña el ensanche del Corte 5 hacia la zona norte, con la denominación Corte 5N/6.

   El aspecto que se presentaba tras retirar la primera capa acumulada tras la intervención de 1996 en lo que entonces se denominó Corte 6S, era el de un suelo de adobes con una interrupción central debido al depósito de vertidos IA3. La sorpresa vino al comprobar que ambos restos de estructuras de adobes no se debían a un pavimento corrido cuya interrupción había que atribuir al vertido de Fonteta VI. La retirada del depósito IA3 que produjo abundantes hallazgos, entre los que cabe destacar dos escarabeos de fayenza con inscripciones jeroglíficas en sus bases, varias fíbulas de bronce y un fragmento de alabastrón de piedra, permitió delimitar por sus caras internas dos paramentos construidos con albañilería de adobes, cuya cima conservada era lo que se había reflejado desde el principio. Así las cosas, estábamos ante una construcción especialmente sólida que venía a triplicar la anchura media de los muros de las construcciones conocidas anteriormente. Su espesor medio superaba 1,30 m. Tras retirar el paquete IA3, se excavaron dos estratos:IA4 y IA5 que en realidad constituyen dos rellenos correspondientes a otros momentos de habitación de la robusta construcción. Entre los hallazgos, merece la pena destacar varias ánforas A1, una de ellas entera y completamente destrozada in situ, un plato de barniz rojo, un asador de hierro de 80 cm. y restos de improntas de un tejido (lino?) teñido de rojo oscuro.

   La base de este paquete lo conformaba el suelo IA6, que ofreció justamente a ras de la primera hilada de zócalo de mampostería, un hogar de terracota sobre lecho de fragmentos cerámicos.

   Esta construcción o vivienda ofreció paredes con un zócalo de 0,40 m. sobre el que se levantaba una pared de adobes de 1,10 m. conservados. Sólo la pared de cierre paralela al lienzo defensivo, ofreció todo su alzado de adobes, careciendo de zócalo. Allí se abrió el vano de acceso. La robustez de esta vivienda resulta inusual en el registro realizado hasta el presente. Su posición estratigráfica la convierte en la primera estructura habitacional que disponemos de la fase Fonteta IV. No hay que olvidar que es el momento en que se levanta la muralla y que esta dependencia se halla adosada casi al mismo codo SE del sistema defensivo. La reciedumbre de sus muros obliga a pensar en más de una planta y la forma de presentarse los estratos IA4 y IA5, con el asador de hierro abarcando ambos depósitos, parece abogar por un derrumbe de suelos superiores, lo que explicaría el hallazgo de un ánfora in situ completa aunque destrozada. Tal vez esta vivienda peculiar estuviera en relación con la vigilancia desde el bastión. Si ello es así la altura de dicha estructura podría incluso conformar una “torre” interna desde la que acceder al bastión. De nuevo, procedimos a impregnar con PRIMAL AC-33 la obra de adobe.

   Tras el lecho IA6, denominamos IA7 a un estrato compuesto por abundantes piedras de tamaño medio-pequeño que parecía haber servido de capa de regularización para asentar la vivienda de Fonteta IV.

   El paquete que seguiría hasta la base volvió a sorprendernos porque los hallazgos materiales, entre los que destacaban buenos indicadores de barniz rojo y cerámica griega protocorintia y ática, nos alertaban sobre la inexistencia de depósito correspondiente a Fonteta III. Los hallazgos de importaciones griegas fueron definitivos y los estratos IA8-IA9-IA10 conformaron un depósito complejo con un espesor total de 1,70 m. por debajo de la fase y estructuras -muralla y casa- de Fonteta IV. Este depósito se convertía en una ampliación y diversificación del depósito hallado en 5AB que denominamos IB11c.

   Es de destacar el elevado porcentaje de cerámicas de barniz rojo (lucernas, oinokhoai de boca de seta y de boca trilobulada, platos, cuencos, etc), con un notable porcentaje de cerámicas procedentes de Cartago, al lado de las procedentes del Sur de la Península ibérica (Cádiz y Málaga).

   En consonancia con el registro del estrato IB11c del Corte 5AB, se dispone de un elevado muestreo de piezas relacionadas con actividades metalúrgicas: crisoles, toberas y escoria de cobre y hierro.

   La base de este depósito viene conformada por una capa de barro anaranjado con arena (Ia11a) y otra de arena fina ligeramente gris (Ia11b), con material arqueológico ambas. Debajo aparece un lecho de arena de playa con restos de conchas rotas (Ia11c) que no ha podido ser excavado en extensión. La mitad del paquete sedimentológico de Fonteta II situado en el tercio sur del espacio de excavación resta por excavar, ya que ha servido de escalón para poder acceder al fondo de la excavación.

   Es de destacar el hallazgo,  en el Corte 8, de una fosa conteniendo los restos de una cremación humana, practicada sobre el suelo de base, con lo que hay que adscribirla a la fase Fonteta I, pudiendo representar incluso un documento esencial sobre posibles rituales de fundación.
 
 

   Conclusiones

 Los resultados de la tercera campaña de excavaciones han sido especialmente satisfactorios y positivos, resultando de suma importancia al haber podido manifestar tipos de estructuras arquitectónicas (Fonteta VIB y Fonteta IV) que en las secuencias anteriores no habían podido ser registradas.

   Se ha comprobado la importancia del conjunto urbanístico situado por debajo del sistema defensivo de Fonteta IV, mostrando la envergadura de este barrio de Fonteta III dedicado al laboreo metalúrgico. De nuevo, varios moldes de arenica donde se elaboraban hachas de apéndices laterales completan la información del Corte 14. Un mazo de minero corrobora las actividades extractivas.

   En la base del depósito, posiblemente correspondiente a Fonteta I, se ha establecido el carácter metalúrgico de tres estructuras-hornos, rodeados de canales y cubetas menores. La aparición de una cremación humana nos emplaza en la posibilidad de hallarnos ante un enterramiento relacionado con un ritual de fundación.

   Para la cronología de las diversas fases, han resultado suficientemente explícitas las informaciones cruzadas entre la cerámica fenicia y las importaciones griegas halladas en Fonteta II, Fonteta III/IV, Fonteta IV y Fonteta VI, que van de la protocorintia subgeométrica, ánforas áticas SOS, cerámica corintia orientalizante y cerámica jonia,rodia y samia. De particular importancia resultaría un fragmento de borde de un skyphos  geométrico de la clase Thapsos, pues constituye el primer ejemplar hallado en la Península Ibérica, con una cronología dentro del siglo VIII AC (750-720), que vendría a corroborar la fecha de fundación del asentamiento fenicio de La Fonteta en dicha centuria, si no antes ya que procede de la fase II.

   Igualmente, ha sido de trascendental importancia el hallazgo de tres fragmentos de sillares labrados en gola, hallados en los derrumbes de la muralla de Fonteta IV o reutilizados en momentos posteriores (Fonteta VII), ya que constituyen la prueba directa arquitectónica más antigua de la existencia de un templo asociado a las fases arcaicas de La Fonteta (I-III). Disponemos así, de la certidumbre de la existencia del edificio religioso más antiguo constatado por la Arqueología, de la órbita fenicia occidental, ya que los templos de Cádiz, aunque más antiguos según las fuentes, carecen de esta comprobación material.

    La Dirección del Proyecto eleva a esa Admistración la petición de un mayor apoyo institucional y económico para llevar a cabo con éxito los objetivos propuestos en esta fase de los trabajos (1996-2005), insistiendo de nuevo sobre la importancia de los mismos en lo que constituye la única ciudad colonial fenicia en tierras de la Comunidad Valenciana.
   Alicante, a 3 de marzo de 1999
 

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La Fonteta, 2001

INFORME PRELIMINAR DE LA 5ª CAMPAÑA
DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS
EN LA COLONIA FENICIA DE
LA FONTETA

(Guardamar del Segura, Alicante)

 Alfredo González Prats
(Director del Proyecto)

  Durante el mes de septiembre de 2001 se ha llevado a cabo la quinta campaña de excavaciones en el asentamiento fenicio de La Fonteta, junto a la actual desembocadura del río Segura.
   Los trabajos han sido subvencionados por la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Generalitat Valenciana y por el M.I. Ayuntamiento de Guardamar del Segura. Han intervenido mayoritariamente licenciados de las Universidades de Alicante, Granada, La Laguna y Viterbo, incorporándose además seis alumnos de segundo ciclo de Historia de la Universidad de Alicante.
   De acuerdo con el planteamiento propuesto, en la parte occidental del yacimiento se inició la excavación de los Cortes 65, 66, 67 y 68. La espesa capa dunar que cubría el nivel arqueológico hizo necesaria la labor durante una semana de una pala mixta mecánica que desalojó varias toneladas de arena, ya que en la mayor parte del depósito el nivel de arena alcanzaba los 2 metros de profundidad. Ante la magnitud de tal cubierta, optamos por preparar para la excavación sólo los dos primeros Cortes, postergando para el futuro los dos restantes. Fueron talados varios pinos, cuya madera fue trasladada para su tratamiento fungicida, siguiendo las instrucciones de la Consellería de Medio Ambiente, a través del guarda forestal.
   Así, han quedado abiertos los Cortes 65 y 66, cuyas dimensiones iniciales de 10 x 10 m. se han rebasado en el primero de ellos al tener que dejar el suficiente talud para que la espesa capa dunar no vuelva a cubrir parte del espacio excavado.
   Mientras  el Corte 66 se ha limpiado hasta desalojar completamente la capa que cubre los primeros derrumbes de la muralla -preparado para iniciar el registro arqueológico-, empezamos el descubrimiento del nuevo tramo de muralla que se manifestaba en el Corte 65. La limpieza de la capa de arena que existía sobre el zócalo de piedras de la muralla, nos permitió aflorar una longitud de 11,5 m.
   El nuevo tramo ofrecía un cuerpo central con un espesor medio de 4,20 m., incrementándose 1 m. más hacia poniente al haberse habilitado un quiebro. Por el exterior, al retirar la capa de derrumbes del zócalo de la muralla, aparece un refuerzo en talud que se inicia con 0,40 m. y alcanza en la hilada inferior a la que se ha llegado en esta campaña, un metro. Mayor interés reúne la detección de un tramo de muro, igualmente en talud, implantado transversalmente al sentido O-E de este flanco de la muralla, pues parece tratarse de un bastión del que hemos podido recuperar  una anchura de 3,60 m. hasta el límite meridional de la excavación. Tanto la zapata externa como el bastión se hallaban enlucidos con una capa de barro de 15 cm. de espesor. Los trabajos quedaron interrumpidos sin llegar a detectar la base de la fortificación. El material arqueológico fue exiguo -habitual en este tipo de limpiezas de derrumbes- aunque nos proporcionó ejemplares característicos de barniz rojo y de cerámica gris junto a ánforas.
   En el área oriental, los trabajos prosiguieron el registro interrumpido el año anterior. Así, se pudo finalizar el sector septentrional que quedaba del Corte 54. Se excavaron dos estratos, correspondientes a las fases iniciales del asentamiento. El primer depósito -B1/B6- es una capa espesa de color gris que incluye abundante material cerámico, óseo y de actividad metalúrgica. Da paso al nivel de playa que en el sector sur rellena una poza de la restinga tirreniense con su característico aspecto de arena, cantos y material arqueológico abundantísimo. Otra poza, situada en el extremo septentrional, se rellena con un estrato similar al superior B1/B5, únicamente diferenciable y, por tanto, asimilable a la serie inferior de playa, por una fina capa de arena de playa, adelgazamiento de la espesa capa que de la poza meridional sube hacia esta zona.
   Del perfil estratigráfico correspondiente fueron tomadas las muestras oportunas para análisis sedimentológicos a cargo de D. Carlos Ferrer del Departamento de Geografía de la Universidad de Valencia.
   El Corte 1, cuyo depósito superior de derrumbe había sido objeto de excavación en la campaña anterior, centró los esfuerzos del resto de la campaña. Ante la continuación de la línea del proteikisma de adobes, del relleno interno del foso y del vertedero metalúrgico de Fonteta II inmediantamente bajo el basamento de la muralla, se asignaron tres zonas de registro estratigráfico diferencial (Este, Centro y Oeste).
   La excavación del paquete situado al exterior y contra el antemuro de adobes de Fonteta IV proporcionó el mismo conjunto de materiales que en el corte adyacente 54, correspondiente a Fonteta VI, apareciendo nuevamente restos de cerámica de Grecia del Este de principios del siglo VI AC. Con esa misma cronología se detectó un lecho de hallazgos realizados en el relleno el foso, entre la muralla y el proteikisma, que conforman un interesante conjunto que integra también restos de copa jonia. El antemural se incurva hacia poniente, aproximándose a la muralla, y presenta el mismo tipo de zócalo irregular de grandes piedras sobre el que se eleva la construcción e adobes, con un máximo de 7 hiladas.
   La muralla y el proteikisma descansaban sobre el estrato A4a, que hacia el centro del Corte se desdoblaba en otra bolsada (A4a2), que venían a ser los estratos de regularización de la obra defensiva. Por debajo se encuentran los restos de Fonteta III, traducidos en el estrato A4b, con restos de adobes. En la vertical del antemuro de Fonteta IV se detecta una alineación de pequeñas piedras asociadas a una textura de barro y adobes que se reserva para comprobar si se pudiera tratar de los restos alterados de un muro de Fonteta III.
   Inmediatamente aparece el depósito B de vertidos metalúrgicos, correspondiente a Fonteta II. Un primer paquete homogéneo (B1) cobra espesor de sur a norte y se corresponde con la serie B1-B3 del registro del Corte 54S. En la mitad meridional del Corte, este depósito B1 se dispone sobre otra serie de capas mucho más oscuras y quemadas que constituye el estrato B2a, con 21 cm. de espesor. La capa B2b es de textura arcillosa y color ocre-anaranjado, con un espesor de 18 cm. Tras una fina capa de ceniza de 1-2 cm., aparece el estrato B2c, con textura y color idéntico al anterior, alcanzando un espesor de 17 cm.
   Por debajo, aparece el estrato B3a, nuevamente de textura cenicienta, con un espesor medio de 12 cm. Se sitúa sobre una capa grisácea más clara (B3b) que oscila entre 6 y 13 cm., dando paso a la capa inferior B3c, igualmente cenicienta, con abundantes pellas de barro. Esta nueva serie descansa directamente sobre la capa de playa, representada por el estrato B4, con la característica textura de arena y gravilla con cantos, donde el material arqueológico es abundante, así como los residuos de la actividad metalúrgica, que no han dejado de aparecer en toda la secuencia de Fonteta II. La cima de la restinga tirreniense sobre la que deposita la playa ha sido registrada a     ­339 cm de la cota situada a ­350 cm del punto cero en este sector, con lo que arroja una profundidad de ­689 cm.
   El temporal de lluvias que despidió el mes de septiembre nos obligó a interrumpir la excavación del Corte 1 en repetidas ocasiones. En función de tales inclemencias, optamos por reservar el descenso en la mitad septentrional y centrarnos en la meridional, que, pese a los esfuerzos y tras achicar en dos ocasiones el agua de lluvia acumulada, no ha podido ser excavado en su totalidad. Lo justo para comprobar la secuencia basal y cómo se presenta aquí la línea de costa del siglo VIII AC.
   Para preservar los taludes de tierra originados en la campaña anterior en el Corte 54, se procedió a rellenar las áreas vaciadas con arena y  tierra procedente de la excavación del Corte 1. Con ello se ha conseguido evitar la incidencia del impacto y arrastre del agua en la vertical de los asientos de la muralla.
   Los resultados de estos trabajos de la 5ª campaña de excavaciones en La Fonteta nos han proporcionado nueva información sobre:

- el trazado y las técnicas constructivas y defensivas del sistema defensivo de Fonteta IV en los Cortes 65 y 66.
- el conjunto material de Fonteta VI que se deposita rellenando ambos lados del proteikisma de adobes de Fonteta IV.
- el relleno de vertidos metalúrgicos de Fonteta II en el Corte 1, ampliando los datos sobre las actividades industriales de los primeros momentos de la instalación de la colonia fenicia, dedicada a la metalurgia de la plata, cobre y hierro.
- El seguimiento de la antigua línea de costa y playa en la fase de la fundación, hacia mediados del siglo VIII AC.
- los nuevos conjuntos materiales de Fonteta II, con un elenco abundantísimo de formas cerámicas arcaicas así como un elevado índice de objetos de adorno y metal -anzuelos- resultado del cribado completo y sistemático de todo el depósito.
 

Alicante, a 22 de octubre de 2001

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 González Prats, “La Fonteta. La colonia fenicia de la desembocadura del río Segura”, Sapanu. Publicaciones en Internet III y IV (1999-2000) [http://www.labherm.filol.csic.es]


Introducción

El día 9 de septiembre de 1996 se iniciaban las excavaciones del Proyecto de Investigación Arqueológica que con la misma denominación del topónimo existente en el lugar -en donde se sitúa también el yacimiento medieval de la Rábita Califal (BIC)- venía siendo solicitado desde 1989 a la Generalitat Valenciana con núm. de Expte. 73/89.

El Proyecto de La Fonteta está inmerso en la línea de investigación Colonización fenicia e interacción cultural con las comunidades indígenas del Sudeste de la Península ibérica del Área de Prehistoria de la Universidad de Alicante, donde en la década de los ochenta se incardinó el Proyecto de La Peña Negra. Para su desarrollo se ha establecido una oportuna colaboración con el Museo Arqueológico y Etnológico de Guardamar del Segura.

Los fondos económicos para la realización de los trabajos de campo provienen del M. I. Ayuntamiento de Guardamar y de la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Generalitat Valenciana. Queremos agradecer a dichos organismos el apoyo que nos están prestando para la consecución de los objetivos planteados en el Proyecto, como al Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Alicante por canalizar y facilitar los fondos procedentes de la Generalitat Valenciana.

No es menor nuestro agradecimiento al esfuerzo realizado por los numerosos alumnos y licenciados de la especialidad de Historia de las Universidades de Alicante, Valencia, Murcia, Granada, Sevilla, Pompeu Fabra de Barcelona, Castilla-La Mancha, Complutense, Uned de Madrid, Navarra y Santiago, gracias al cual se debe, en gran medida, el disponer del registro extensivo que hoy podemos contemplar.

La Fonteta, topónimo alusivo a un manantial de agua dulce que ha dado nombre al paraje, está ubicada en la orilla derecha del río Segura, muy próxima a su desembocadura, reproduciendo un patrón de asentamiento muy familiar en los centros fenicios del Mediterráneo.

A falta de estudios paleogeográficos no sabemos ciertamente si el lugar era antiguamente un islote o un promontorio, pero sí está claro que el curso fluvial del Segura tropezó siempre con ese accidente natural, generando su característico meandro antes de salir al mar. Precisamente en esta ensenada previa a la desembocadura, protegida del régimen de vientos predominantes, es posible que se situara el muelle portuario del yacimiento fenicio.

De todos modos, si hubiera que inferir una imagen de la paleogeografía en la época en que nos movemos (siglos XI-VI AC) puede que sirviera la que muestra el gráfico de la figura 2. Para su confección se ha tenido en cuenta la flexión actualmente perceptible del terreno desde el Cabo de Santa Pola hasta el piedemonte de las Sierrras de Crevillente, Callosa, Orihuela y los Estaños. La reconstrucción, pues de la antigua línea de costa podría situarse siguiendo la propia línea de la actual isohipsa de 20/30 m., generando un gran golfo, presidido en su entrada por un gran islote (El molar-La Marina), cuya orilla discurriría cerca de Orihuela, donde posiblemente desembocara entonces el río Segura. Esta gran golfo se correspondería con lo que después se conoce como “Sinus illicitanus”.
 


 

Sabemos que dos de los factores económicos esenciales que condicionaron la elección de determinados puntos para situar los centros fenicios fueron la facilidad de abastecimiento de materias primas, preferentemente metales, y la posibilidad de comercio con las gentes del territorio circundante.

Ambos factores se dan cita en el Bajo Segura. Al menos desde el siglo IX AC, potentes talleres metalúrgicos ubicados en el poblado indígena de La Peña Negra están elaborando a gran escala numerosos útiles, adornos y armas tipológicamente vinculadas al ámbito del Bronce Final Atlántico que no se quedan en el lugar.  Pero, además, las excavaciones realizadas en La Fonteta han puesto de manifiesto la dedicación de los fenicios a la metalurgia del cobre, del hierro y de la plata, materias primas que debieron captar del inmediato territorio alicantino y murciano.

No debieron pasar inadvertidas tampoco las posibilidades que ofrecían estas zonas de marjales del Bajo Segura para la explotación de un bien de primera necesidad como es la sal, no tanto para el consumo directo como para la conservación de alimentos (carne, pescado, aceitunas) y para la fabricación de salazones, industria en la que destacaron los fenicios y de la que tenemos amplias referencias escritas y buena documen-tación arqueológica en época púnica.

Minerales metálicos para transformar, útiles y armas ya elaborados por talleres indígenas,…y sal. A su lado, un ecosistema rico y diverso en recursos que proporcionaba una dieta variada y muy completa a través del consumo de animales terrestres, lacustres y marinos. Del ciervo a la vaca, del atún a la sepia, de la cañadilla a los cangrejos, amenizado con un importantísimo volumen de caracoles terrestres, los habitantes de la ciudad fenicia de la desembocadura del río Segura disponían de una gustosa alimentación.

La ciudad portuaria instalada al abrigo de los vientos de levante, se encontraba en un punto estratégico no sólo para la explotación primaria de los recursos económicos sino, y a ello se debió tal elección, en un lugar óptimo de un cauce fluvial que comunicaba el Sudeste con la Alta Andalucía, un eje comercial de especial importancia en la protohistoria de ambas regiones. En un radio inmediato, el poblamiento indígena se mostraría especialmente receptor: San Antonio, Los Saladares, Caramoro II, o la propia Peña Negra, que llegó a albergar en su seno una factoría de artesanos destacados desde el emporio de Guardamar.

La articulación del territorio “colonial” en el Bajo Segura se realizó siguiendo un esquema que vertebraba la ciudad portuaria de la desembocadura con la fortificación del Cabezo Pequeño del Estaño -que podría incluso haber resguardado el posible gran puerto de La Rinconada-. Este modelo de implantación incluía la existencia de un santuario dedicado a Astarté probablemente, en el propio Castillo de Guardamar, y debía de ser el contrapunto al templo de La Fonteta, documentado a través de restos arquitectónicos, posiblemente erigido a Melkart. Un modelo que recuerda, en última instancia, lo que las fuentes escritas y la arqueología nos ilustran sobre Cádiz, la gran metrópoli fenicia de Occidente.

Con el descubrimiento de La Fonteta, anunciado ya en la década de los setenta por los intentos de localización de Schubart y Arteaga, el territorio del Sudeste de la península ibérica ha cobrado un protagonismo de primer orden tanto en lo referente a la propia dinámica de la colonización fenicia en el Mediterráneo occidental como al papel que desempeñó en los procesos de comercio, interacción y aculturación con las poblaciones indígenas del Bronce Final. Lo que facilita la comprensión de un período orientalizante en las comarcas meridionales alicantinas y su transformación desde mediados del siglo VI AC en una floreciente etapa ibérica antigua, algunos de cuyos yacimientos representativos (horizontes El Molar-El Oral) parecen recoger fielmente la tradición cultural de lo fenicio y lo orientalizante, germen de lo ibérico.

Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en estos años empiezan a ofrecernos algunos aspectos de lo que fue una colonia fenicia occidental en el Sudeste de la península ibérica, cuyos rasgos arquitectónicos, religiosos, funerarios, económicos y de cultura material nos emplazan ante uno de los centros paradigmáticos de la presencia fenicia en ultramar, en un punto geográfico crucial para entender las relaciones con la Ibiza arcaica y la estrategia territorial que conlleva la colonización fenicia del Mediterráneo occidental. 

La periodización del asentamiento de La Fonteta que hemos realizado en 1997 se basa en el registro obtenido a lo largo de estas tres campañas iniciales en el sector sudoriental del yacimiento. Pero somos conscientes de que su aplicación a la totalidad del mismo puede resultar precipitada, comprobado el funcionamiento irregular de los depósitos estratigráficos, que presentan variaciones sustanciales incluso entre lugares próximos. A pesar de ello, se ha comprobado su utilidad, incluso didáctica, en la campaña de 1998, permitiendo vertebrar coherentemente toda la documentación recuperada.

La existencia de un impresionante sistema defensivo (en su día confundido y publicado como islámico por el equipo de medievalistas de R. Azuar, y más recientemente, encabezando ahora un equipo de iberistas franco-español, considerado como orientalizante e ibérico antiguo) ha servido de horizonte para diferenciar una Fonteta arcaica (fases I, II y III) y una Fonteta reciente (fases IV, V, VI, VII y VIII). Fonteta IX señalaría el momento de arruinamiento y desmoronamiento de las murallas, que marca el final del yacimiento, tras lo que se produce una gran invasión dunar.

Resulta prematuro deducir la extensión del yacimiento fenicio debido tanto a la ausencia de una prospección física completa como al hecho de que los perímetros de las dos grandes fases no coinciden. En el área excavada, los restos de Fonteta arcaica sobrepasan el perímetro defensivo de la Fonteta reciente, mientras los restos arquitectónicos de ésta se ciñen únicamente al interior del recinto amurallado. Pero esta constatación ¿permite suponer que la ciudad arcaica fue más extensa que la que encierra después el recinto amurallado que vemos hoy?. O lo que es igual: ¿Fonteta reciente significa un repliegue topográfico?. Mientras no conozcamos la evolución de la geografía de la desembocadura del río Segura entre los siglos VIII y VI AC estas cuestiones resultan enteramente gratuitas. Y mientras no se realicen una serie extensa de sondeos profundos para delimitar la zona de asentamiento, lo que planteemos no pasará de conjetura. De todas formas, una estimación objetiva aproximada podría mostrarnos un complejo urbano y portuario no inferior a 6 Ha. para la fase arcaica.

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La Fonteta. La colonia fenicia de la desembocadura del río Segura

La Fontetaweb.JPGPor A. González Prats, Sapanu. Publicaciones en Internet III y IV (1999-2000) [http://www.labherm.filol.csic.es]

Introducción

El día 9 de septiembre de 1996 se iniciaban las excavaciones del Proyecto de Investigación Arqueológica que con la misma denominación del topónimo existente en el lugar -en donde se sitúa también el yacimiento medieval de la Rábita Califal (BIC)- venía siendo solicitado desde 1989 a la Generalitat Valenciana con núm. de Expte. 73/89.

El Proyecto de La Fonteta está inmerso en la línea de investigación Colonización fenicia e interacción cultural con las comunidades indígenas del Sudeste de la Península ibérica del Área de Prehistoria de la Universidad de Alicante, donde en la década de los ochenta se incardinó el Proyecto de La Peña Negra. Para su desarrollo se ha establecido una oportuna colaboración con el Museo Arqueológico y Etnológico de Guardamar del Segura.

Los fondos económicos para la realización de los trabajos de campo provienen del M. I. Ayuntamiento de Guardamar y de la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Generalitat Valenciana. Queremos agradecer a dichos organismos el apoyo que nos están prestando para la consecución de los objetivos planteados en el Proyecto, como al Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Alicante por canalizar y facilitar los fondos procedentes de la Generalitat Valenciana.

No es menor nuestro agradecimiento al esfuerzo realizado por los numerosos alumnos y licenciados de la especialidad de Historia de las Universidades de Alicante, Valencia, Murcia, Granada, Sevilla, Pompeu Fabra de Barcelona, Castilla-La Mancha, Complutense, Uned de Madrid, Navarra y Santiago, gracias al cual se debe, en gran medida, el disponer del registro extensivo que hoy podemos contemplar.

La Fonteta, topónimo alusivo a un manantial de agua dulce que ha dado nombre al paraje, está ubicada en la orilla derecha del río Segura, muy próxima a su desembocadura, reproduciendo un patrón de asentamiento muy familiar en los centros fenicios del Mediterráneo.

A falta de estudios paleogeográficos no sabemos ciertamente si el lugar era antiguamente un islote o un promontorio, pero sí está claro que el curso fluvial del Segura tropezó siempre con ese accidente natural, generando su característico meandro antes de salir al mar. Precisamente en esta ensenada previa a la desembocadura, protegida del régimen de vientos predominantes, es posible que se situara el muelle portuario del yacimiento fenicio.

De todos modos, si hubiera que inferir una imagen de la paleogeografía en la época en que nos movemos (siglos XI-VI AC) puede que sirviera la que muestra el gráfico de la figura 2. Para su confección se ha tenido en cuenta la flexión actualmente perceptible del terreno desde el Cabo de Santa Pola hasta el piedemonte de las Sierrras de Crevillente, Callosa, Orihuela y los Estaños. La reconstrucción, pues de la antigua línea de costa podría situarse siguiendo la propia línea de la actual isohipsa de 20/30 m., generando un gran golfo, presidido en su entrada por un gran islote (El molar-La Marina), cuya orilla discurriría cerca de Orihuela, donde posiblemente desembocara entonces el río Segura. Esta gran golfo se correspondería con lo que después se conoce como “Sinus illicitanus”.

Sabemos que dos de los factores económicos esenciales que condicionaron la elección de determinados puntos para situar los centros fenicios fueron la facilidad de abastecimiento de materias primas, preferentemente metales, y la posibilidad de comercio con las gentes del territorio circundante.

Ambos factores se dan cita en el Bajo Segura. Al menos desde el siglo IX AC, potentes talleres metalúrgicos ubicados en el poblado indígena de La Peña Negra están elaborando a gran escala numerosos útiles, adornos y armas tipológicamente vinculadas al ámbito del Bronce Final Atlántico que no se quedan en el lugar. Pero, además, las excavaciones realizadas en La Fonteta han puesto de manifiesto la dedicación de los fenicios a la metalurgia del cobre, del hierro y de la plata, materias primas que debieron captar del inmediato territorio alicantino y murciano.

No debieron pasar inadvertidas tampoco las posibilidades que ofrecían estas zonas de marjales del Bajo Segura para la explotación de un bien de primera necesidad como es la sal, no tanto para el consumo directo como para la conservación de alimentos (carne, pescado, aceitunas) y para la fabricación de salazones, industria en la que destacaron los fenicios y de la que tenemos amplias referencias escritas y buena documen-tación arqueológica en época púnica.

Minerales metálicos para transformar, útiles y armas ya elaborados por talleres indígenas,…y sal. A su lado, un ecosistema rico y diverso en recursos que proporcionaba una dieta variada y muy completa a través del consumo de animales terrestres, lacustres y marinos. Del ciervo a la vaca, del atún a la sepia, de la cañadilla a los cangrejos, amenizado con un importantísimo volumen de caracoles terrestres, los habitantes de la ciudad fenicia de la desembocadura del río Segura disponían de una gustosa alimentación.

La ciudad portuaria instalada al abrigo de los vientos de levante, se encontraba en un punto estratégico no sólo para la explotación primaria de los recursos económicos sino, y a ello se debió tal elección, en un lugar óptimo de un cauce fluvial que comunicaba el Sudeste con la Alta Andalucía, un eje comercial de especial importancia en la protohistoria de ambas regiones. En un radio inmediato, el poblamiento indígena se mostraría especialmente receptor: San Antonio, Los Saladares, Caramoro II, o la propia Peña Negra, que llegó a albergar en su seno una factoría de artesanos destacados desde el emporio de Guardamar.

La articulación del territorio “colonial” en el Bajo Segura se realizó siguiendo un esquema que vertebraba la ciudad portuaria de la desembocadura con la fortificación del Cabezo Pequeño del Estaño -que podría incluso haber resguardado el posible gran puerto de La Rinconada-. Este modelo de implantación incluía la existencia de un santuario dedicado a Astarté probablemente, en el propio Castillo de Guardamar, y debía de ser el contrapunto al templo de La Fonteta, documentado a través de restos arquitectónicos, posiblemente erigido a Melkart. Un modelo que recuerda, en última instancia, lo que las fuentes escritas y la arqueología nos ilustran sobre Cádiz, la gran metrópoli fenicia de Occidente.

Con el descubrimiento de La Fonteta, anunciado ya en la década de los setenta por los intentos de localización de Schubart y Arteaga, el territorio del Sudeste de la península ibérica ha cobrado un protagonismo de primer orden tanto en lo referente a la propia dinámica de la colonización fenicia en el Mediterráneo occidental como al papel que desempeñó en los procesos de comercio, interacción y aculturación con las poblaciones indígenas del Bronce Final. Lo que facilita la comprensión de un período orientalizante en las comarcas meridionales alicantinas y su transformación desde mediados del siglo VI AC en una floreciente etapa ibérica antigua, algunos de cuyos yacimientos representativos (horizontes El Molar-El Oral) parecen recoger fielmente la tradición cultural de lo fenicio y lo orientalizante, germen de lo ibérico.

Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en estos años empiezan a ofrecernos algunos aspectos de lo que fue una colonia fenicia occidental en el Sudeste de la península ibérica, cuyos rasgos arquitectónicos, religiosos, funerarios, económicos y de cultura material nos emplazan ante uno de los centros paradigmáticos de la presencia fenicia en ultramar, en un punto geográfico crucial para entender las relaciones con la Ibiza arcaica y la estrategia territorial que conlleva la colonización fenicia del Mediterráneo occidental.

La periodización del asentamiento de La Fonteta que hemos realizado en 1997 se basa en el registro obtenido a lo largo de estas tres campañas iniciales en el sector sudoriental del yacimiento. Pero somos conscientes de que su aplicación a la totalidad del mismo puede resultar precipitada, comprobado el funcionamiento irregular de los depósitos estratigráficos, que presentan variaciones sustanciales incluso entre lugares próximos. A pesar de ello, se ha comprobado su utilidad, incluso didáctica, en la campaña de 1998, permitiendo vertebrar coherentemente toda la documentación recuperada.

La existencia de un impresionante sistema defensivo (en su día confundido y publicado como islámico por el equipo de medievalistas de R. Azuar, y más recientemente, encabezando ahora un equipo de iberistas franco-español, considerado como orientalizante e ibérico antiguo) ha servido de horizonte para diferenciar una Fonteta arcaica (fases I, II y III) y una Fonteta reciente (fases IV, V, VI, VII y VIII). Fonteta IX señalaría el momento de arruinamiento y desmoronamiento de las murallas, que marca el final del yacimiento, tras lo que se produce una gran invasión dunar.

Resulta prematuro deducir la extensión del yacimiento fenicio debido tanto a la ausencia de una prospección física completa como al hecho de que los perímetros de las dos grandes fases no coinciden. En el área excavada, los restos de Fonteta arcaica sobrepasan el perímetro defensivo de la Fonteta reciente, mientras los restos arquitectónicos de ésta se ciñen únicamente al interior del recinto amurallado. Pero esta constatación ¿permite suponer que la ciudad arcaica fue más extensa que la que encierra después el recinto amurallado que vemos hoy?. O lo que es igual: ¿Fonteta reciente significa un repliegue topográfico?. Mientras no conozcamos la evolución de la geografía de la desembocadura del río Segura entre los siglos VIII y VI AC estas cuestiones resultan enteramente gratuitas. Y mientras no se realicen una serie extensa de sondeos profundos para delimitar la zona de asentamiento, lo que planteemos no pasará de conjetura. De todas formas, una estimación objetiva aproximada podría mostrarnos un complejo urbano y portuario no inferior a 6 Ha. para la fase arcaica.

Campañas

Las tres campañas de excavaciones ordinarias realizadas hasta el presente han acometido diversos objetivos. En 1996 la actuación se centró en el afloramiento del ángulo SE del perímetro defensivo, cubierto por toneladas de arena. La espesa cubierta dunar fue retirada de ambos lados del cuerpo de muralla con el fin de facilitar el inicio de las excavaciones estratigráficas a partir del primer estrato de formación antrópica, lo que se traduciría con la apertura, en el interior del recinto, del Corte 7, que deparó una de las primeras secuencias del yacimiento. También se inició, junto al paramento oriental, el Corte 6.

En una zona más alejada, hacia el Sur, se abrió el Corte 25, que proporcionaría uno de los registros tanto arquitectónicos como ceramológicos más ilustrativos.

La planimetría obtenida con la primera campaña nos condujo a plantear, conocido el sentido en que se orientaban las diversas estructuras arquitectónicas, la distribución actual de las áreas de excavación. Vista la envergadura de aquéllas, optamos por establecer un módulo de 10 m. de lado para los Cortes, a excepción de los que afectan al lienzo defensivo, cuya anchura se incrementa hasta 14 m. De este modo, los nuevos Cortes de 1997 se ajustaron ya a dicho sistema.

En la segunda campaña se regularizó el Corte 7 ampliándolo al módulo correspondiente y, junto a él, se abrió el Corte 8. Al otro lado de la muralla se iniciaría el Corte 14. El Corte 8 fue generosamente pródigo en el registro de la fase Fonteta VI, ya que debido a la utilización de su espacio como vertedero, el volumen de restos arqueológicos y faunísticos resulta como mínimo impresionante. Un importante lote de bronces, entre los que destacan diversos tipos de fíbulas, acompañaba a un copioso repertorio cerámico entre el que sobresale uno de los conjuntos de cerámica griega arcaica más importantes de la Península ibérica: ánforas quiotas y samias al lado de copas y vasos (dinos) de diversos centros de la Grecia oriental. El descenso en los estratos inferiores quedó pospuesto para 1998, habida cuenta de lo laborioso que resultó el cribado sistemático en malla fina de algo más de 28 m3 de cenizales.

La información que proporcionaron los Cortes 7 y 14 se tradujo, principalmente, en la detección de la fase Fonteta III a través de diversas dependencias cuya finalidad metalúrgica quedaba marcada a través de la enorme cantidad de toberas, crisoles, fragmentos de moldes de arenisca, tortas de metal y escorias, elementos que nos indicaban el trabajo sobre cobre y sobre hierro preferentemente.

En el Corte 14 se pudo, además, registrar el foso que precedía a la línea defensiva meridional, cuya ejecución cortó los restos arquitectónicos de las viviendas metalúrgicas precedentes. Este Corte se encuentra en vías de excavación, no habiéndose llegado al final del foso.

Los objetivos de la tercera campaña se cifraban en la continuación del descenso en los Cortes 8 y 14 y en la apertura hacia el Este del Corte 5 y hacia el Norte de los Cortes 9 y 10. La retirada con pala mecánica no sólo de las terreras del año anterior sino de nuevo de varias toneladas de arena dunar para emplazar los nuevos cortes, ha condicionado que éstos solo hayan podido insinuarse para su excavación en los años próximos.

Los esfuerzos de 1998 se han centrado, por tanto, en los Cortes 5 y 8. En este último, se ha descendido en los depósitos inferiores a la muralla, documentando nuevas dependencias del complejo metalúrgico de Fonteta III que ha deparado restos de nuevos moldes e incluso una maza de minero.

El gran horno circular de paredes de adobes, de 2,40 m. de diámetro, pendiente de excavación tras detectarse en 1997, ha sido aflorado por debajo de la fase Fonteta VI y tal vez pertenezca a la casa pluricelular de Fonteta V. En el actual estado de su investigación no existe el menor indicio sobre una dedicación metalúrgica, sirviendo seguramente como una gran tahona.

En el Corte 5 parece que disponemos de uno de los primeros habitáculos de Fonteta VI. Hasta ahora, todo el registro de dicha fase venía traducido en un vasto depósito de vertidos que rellena incluso los espacios habitables de las viviendas precedentes de Fonteta V, por tanto amortizadas. La estructura en cuestión presenta una factura de peor calidad y debió instalarse cuando ya el lugar estaba siendo utilizado como basurero, pues sus zócalos de piedra pisan el tramo inferior del mismo. Pero, al contrario que ocurre en las cuidadas casas de Fonteta V, el vertedero no llegó a invadir el interior de esta estructura que aparece arrumbada junto al interior del codo SE de la muralla.

Los nuevos registros obtenidos con los recientes trabajos nos ofrecen, por otro lado, aportaciones esenciales que completan los datos extraidos en años anteriores.

La primera de ellas afecta al contenido del tramo estratigráfico Ib8-Ib9-Ib10 que existe inmediatamente debajo de la muralla y que sirve de apoyo a su basamento. El estrato Ib9 que se había manifestado hasta ahora con un mínimo espesor y con muy escaso material arqueológico asociado, nos ha deparado un depósito de grosor creciente de Sur a Norte que ha proporcionado un notable conjunto de materiales. Con esta documentación resulta más fácil precisar la cronología de la fase inmediatamente anterior a la construcción del sistema defensivo de Fonteta IV, lo que hasta ahora debía de conjugarse con los ricos conjuntos cerámicos de Fonteta IIIB1. Sospechamos, además, que el estrato Ib9 gris de los Cortes 7, 8 y 5 no se corresponde con el estrato Ib9a gris del Corte 14, por lo que podemos estar ahora en mejores condiciones de caracterizar la fase Fonteta IIIB2, de cuyas viviendas han salido las grandes piedras que conforman la base del refuerzo exterior de la muralla.

Otra aportación la constituye la detección de una serie estratigráfica perteneciente a la fase Fonteta II que hasta ahora sólo se había detectado en el Corte 25. El registro se ha producido en el Corte 5, debajo indistintamente de los restos de Fonteta III y de Fonteta V. El espesor de la serie varía de 0,20 a 1,75 m. y se trata de un depósito con numerosos estratos y capas en donde se han documentado numerosos rastros de actividad metalúrgica. Nuevos hallazgos de cerámica griega protocorintia y ánforas SOS confirman el registro del edificio de tapial del Corte 25.

Por último, se ha manifestado igualmente restos de la fase Fonteta I, traducidos en tres hornos y una serie de fosas y canales excavados en la base geológica que de nuevo hemos de relacionar con actividades metalúrgicas. El relleno de arena que colmata tales estructuras y que proporciona material arqueológico significativo induce a proponer una fase Fonteta IB o Fonteta I/II.

La estratificación de los diversos depósitos correspondientes a las fases que han podido ser establecidas, obliga a una correlación -actualmente en curso- entre las diversas series estratigráficas obtenidas debido a la falta de homogeneidad de aquéllos.

Arquitectura y técnicas de construcción.

A través de la secuencia de las fases de habitación que han podido ser establecidas se observa una primera aproximación a la arquitectura de este emporio fenicio del Sudeste de la península ibérica, cuyos modelos van a influir substancialmente en el concepto arquitectónico de las comunidades indígenas del territorio, adoptándolos en muchos casos fielmente, desde el uso de la albañilería de adobes hasta el empleo de bancos y el modo de construir los hogares, como se puede observar en La Peña Negra y en El Oral, dos yacimientos indígenas -orientalizante uno e ibérico antiguo el otro- que sirven de contrapunto o recogen la evolución de lo que ocurría en La Fonteta.

Arquitectura doméstica

A la espera de una mayor definición, con la ampliación del registro de campo en los próximos años, de los posibles restos constructivos que bajo la forma de hoyos [de postes], fosas y líneas [vallas] de material perecedero registrados en Fonteta IA, la primera construcción definida que conocemos pertenece a Fonteta II y viene traducida por el edificio con paredes de tapial, cuya completa delimitación aún está pendiente, aparecido en el Corte 25. El edificio articula varias dependencias ortogonales con paredes de diverso grosor que diferencian los muros maestros de los meros tabiques. La disección de algunos de estos últimos mostró perfiles estratigráficos muy ilustrativos sobre su construcción a la par que registraba nítidamente la existencia de, al menos, dos momentos de construcción, con una refacción posterior del plano original que afectaba a las dimensiones de las dependencias internas. En algunos puntos, un suelo de adobes señalaba la clausura de la primera fase de construcción.

La utilización de un zócalo de mampostería en la construcción de los muros de las casas está documentada desde la fase Fonteta III. Un conjunto de habitaciones pertenecientes a otro complejo arquitectónico se está definiendo a través del registro de los Cortes 5, 7, 8 y 14. El carácter metalúrgico de algunas de estas dependencias ha quedado manifestado por abundantes hallazgos relacionados con dicha actividad.

Un pavimento de barro que descansa sobre lecho de cantos de playa señala la diferente función de una habitación, situada junto a otra donde un suelo empedrado y dos pesados machacadores parecen indicar un lugar destinado a triturar mineral, a su vez adyacente a un taller metalúrgico que debemos interpretar como una herrería.

En otra dependencia situada más a oriente se documenta un hogar con tres áreas circulares. Dos de ellas muestran una cuidadosa técnica de construcción destinada a conservar mejor el calor de los fuegos: debajo de la capa de terracota, se ha dispuesto un lecho de fragmentos cerámicos y a su vez encima de un lecho de base con pequeños cantos. La tercera no dispone del lecho de cerámicas.

Este tipo de hogar en donde debajo de la plancha de cocción se sitúa un lecho de cerámicas troceadas se encuentra desde Fonteta II, ya que en uno de los habitáculos del edificio de tapial fue detectado uno de estos hogares. En 1984 se localizó en La Peña Negra un hogar similar correspondiente a la fase orientalizante, y aparecen más tarde también en el poblado ibérico antiguo de El Oral.

La siguiente fase donde nos aparece una arquitectura característica y definida, con un inmejorable estado de conservación en algunos puntos, es Fonteta V. Disponemos de dos estructuras adosadas ambas al paramento interno de la muralla erigida en Fonteta IV. La casa del Corte 7 se ha edificado sacrificando el refuerzo del lado interno de la muralla y uno de los tirantes-contrafuertes de la misma. Esta casa presenta un plano, todavía incompleto, de una vivienda pluricelular que consta de cinco estancias como mínimo. Las paredes mejor conservadas muestran robustos zócalos de mampostería -ligeramente más anchos que los de las casas de Fonteta III- de 1,10 m. sobre los que se levanta la obra de adobes, en algunos puntos conservada con igual altura que los zócalos.

En relación con esta casa podemos situar el gran horno de adobes que se instala a medio metro escaso de su pared oriental.

Por su parte, la estructura excavada en el Corte 5N nos ofrece muros de una robustez extrema ya que triplica casi, disponiendo tres hileras de adobes en lugar de una, el espesor de los de la casa del Corte 7. De nuevo, el excelente estado de conservación posibilitó recuperar un alzado de adobes de un metro de altura sobre el correspondiente zócalo de mam-postería, de menor altura que los zócalos contemporáneos del Corte 7. La robustez de las paredes sorprende por el pequeño espacio útil que encierran, por lo que hemos de sospechar que debieron ser una sólida sustentación de una superestructura que pudo elevar más de dos pisos. Las huellas de una posible escalera interna construida con peldaños de adobes dispuestos verticalmente, vendría a confirmarlo. En este caso, el depósito hallado sobre el suelo original de la planta baja parece haberse formado ante el derrumbe súbito de una planta superior, en donde se rescataron in situ un ánfora completa fracturada, un plato de engobe rojo, un asador de hierro hincado y restos de tejido posiblemente teñido de rojo.

Esta estrecha construcción, conviniendo en una considerable elevación, podría estar vinculada al sistema defensivo de la muralla. Se encuentra adyacente al bastión SE y no nos extrañaría hallarnos ante una posible torre interna.

No hemos de olvidar que, en relación con el espacio total existente, estas construcciones de Fonteta V están ubicadas en el área marginal de lo que desde Fonteta IV debió de ser el núcleo urbano. Y ese carácter marginal parece confirmarse con lo que podemos deducir de los momentos inmediatamente siguientes.

A pesar de la alteración producida por depósitos posteriores en estas estructuras de Fonteta V, se han conservado sendos hogares del tipo descrito en las fases arcaicas.

Los adobes que se utilizan en la albañilería se fabrican con barro anaranjado o marrón pardusco y la masa se traba con paja de cereal o con algas marinas (posidonias) que han dejado sus huellas e impresiones o se conservan putrefactas. El mortero que se utiliza para unir unos con otros es el mismo barro pero con tonos siempre sensiblemente diferentes, lo que permite distinguir con relativa facilidad estas paredes. Obedecen a un módulo que conforma piezas subrectangulares de 36×47x11 cm., es decir unas proporciones aproximadamente acordes con el sistema sexagesimal, de tan honda tradición en Oriente Próximo.

A partir de este momento de la secuencia, en el registro que poseemos, las escasas estructuras detectadas muestran una construcción menos cuidada. En plena fase de Fonteta VI, en que la mayor parte del espacio excavado en el interior del recinto tiene un claro carácter de vertedero, se instala junto al paramento del bastión, adosado y alterando parte de la robusta construcción anterior, lo que no pasa de ser un mero cobertizo con zócalos irregulares de mampostería que se alejan por su técnica más desmañada de los zócalos de las casas anteriores.

Inmediatamente sobre el vertedero, que colmata el espacio interno de las casas de Fonteta V, se instala otro pequeño cobertizo, de peor factura incluso que el anterior, con hogar central cuya placa de terracota no cubre ningún lecho cerámico. Esta auténtica chabola -correspondiente a Fonteta VII- se construye sobre más de un metro de escombros y vertidos, al abrigo de las ruinas de la vieja casa de Fonteta V. Pero su aspecto lastimoso puede no traducir la realidad de lo que puede estar sucediendo en el área nuclear de la ciudad, y tener explicación por ser el cobertizo de quien se encarga del horno metalúrgico al que está adosado.

Con posterioridad, antes del derrumbe de las murallas, apreciamos la instalación de alguna pequeña tahona de barro (Corte 7) representativa de Fonteta VIII.
Volvemos a indicar que estas pautas arquitectónicas adjetivan una evolución puntual de un mínimo espacio que además, desde Fonteta IV, puede no coincidir con lo que se está produciendo en áreas más dinámicas de la ciudad portuaria. Futuras excavaciones en zonas más cercanas al propio manantial de La Fonteta y al norte del lugar que ocupa La Rábita califal, habrán de contrastar y completar la información que podemos ofrecer hoy, que no deja de ser preliminar.

Arquitectura defensiva

El perímetro defensivo va íntimamente ligado al concepto de ciudad y tiene profunda raigambre en Oriente, con numerosos ejemplos en el mundo cananeo prefenicio de la Edad del Bronce. Recordemos la significación de la propia ciudad de Gadir: “la amurallada”.

Por ello, uno de los rasgos más llamativos del yacimiento fenicio de Guardamar es la muralla. Aflorada en dos tramos en 1987 y 1991 por el equipo de excavaciones de La Rábita califal, fue interpretada como la muralla que rodeaba el monasterio medieval.

Dada la reutilización de diversos materiales anteriores en la muralla de Fonteta IV, cabe la posibilidad de la existencia en algún otro punto de un encintado arcaico, cuyo perímetro no coincide con el que encierra después la Fonteta reciente.

El aspecto que presentan los actuales restos de las murallas en el ángulo SE de la ciudad permite contemplar un cuerpo central de 4,5 a 5 m. de ancho con paramentos verticales construidos con piedras de diverso tamaño. Algunas alineaciones transversales al sentido longitudinal del encintando parecen indicar un sistema de construcción que finaliza tramos de la misma mostrando careos, sin que debamos interpretar necesariamente los espacios entre unos y otros ni como puertas ni como casamatas.

Ese cuerpo central de flancos verticales está ceñido, en los puntos mejor conservados, por dos cuerpos en talud de una anchura en torno a 1 m. en su base, lo que conferiría a ésta una anchura total cercana a los 7 metros.

Evaluada la incidencia de los constructores de la Rábita, edificada a expensas de la piedra del yacimiento fenicio, en particular de las murallas, así como la posición y espesor de los depósitos formados con el derrumbe de las mismas, podemos concluir en proponer una altura total que debió de alcanzar, si no sobrepasar, los 10 metros. El zócalo de piedras y barro debió de elevarse hasta 4-5 m., sobre el que se levantaría la obra de tapial y/o adobes, posiblemente rematada con almenas, según los modelos que traducen las diversas iconografías de las ciudades fenicias. Toda la obra estaba enlucida con una espesa capa de barro de color anaranjado claro, homogeneizando su aspecto final.

Fiel a la arquitectura defensiva cananea y fenicia, el flanco exterior de la fortaleza presentaba a 4 m. de distancia un impedimento complementario contra posibles asaltos: un foso en V de 2,5 m. de ancho. Es seguro incluso, a juzgar por los restos observados en algunos puntos, la existencia de un glacis de barro entre el forro en talud externo y el borde del foso, lo que impedía aún más el acceso y el minado de las murallas, a la vez que protegía de las fuertes lluvias la estructura defensiva.

Si existieron o no casamatas, al estilo de la cercana fortificación del Cabezo del Estaño, no parece que pueda comprobarse ya que se debieron ubicar en La Fonteta precisamente en el tramo superior de barro.

Justamente en el codo sudoriental del perímetro se articuló un bastión de planta cuadrangular en curso de excavación.

Si obviamos la extensa cobertura dunar actual y contemplamos la restitución indicada de las murallas, debía de ser realmente impresionante la visión de esta ciudadela desde Fonteta IV, emergiendo de los esteros del Segura.

Las construcciones de Fonteta V que se adosan al interior de la muralla nos han permitido analizar la existencia de unos muretes transversales más antiguos que parecen originarse en los paramentos verticales del cuerpo central de la muralla e incluso se introducen en él. Han quedado reflejados en los Cortes 7 y 8 en el interior del recinto, así como en el Corte 14, por el exterior.

Por lo que conocemos, no creemos que se trate de muros de viviendas, por más que pudiera utilizarse el espacio comprendido entre ellos para refugiarse a su amparo (de hecho, esta posibilidad ha generado que establezcamos una fase IVc). Este extremo, por desgracia, no puede comprobarse en el espacio actualmente excavado que aquí presentamos, ya que la fase V arrasó ambos muretes, como también eliminó dos tramos del forro interno de la muralla para dotar de mayor espacio a las viviendas que contra ella se adosaron.

Manejando las características geotectónicas del Sudeste español, que es una de las zonas de constante riesgo sísmico - y que obligó en el siglo pasado a trasladar la población de Guardamar del Castillo a su actual emplazamiento-, hemos tomado en consideración la posibilidad de que se trate de unos elementos cuya finalidad residiría en dotar de elasticidad y firmeza al lienzo defensivo, evitando un derrumbe en cadena del mismo.

No faltan precedentes para este proceder en la arquitectura tanto defensiva como civil en el ámbito oriental, que van desde huecos y travesaños de madera en la muralla del Bronce Antiguo de Jericó hasta espacios de adobes entre sillares en el palacio del Bronce Tardío de Ugarit.

Ello confirmaría el alto grado de pericia técnica y el inmejorable conocimiento de las condiciones geofísicas del territorio por parte de los arquitectos que diseñaron el sistema defensivo de la Fonteta reciente.

Arquitectura religiosa

Aunque se trata de una documentación “secundaria”, no pierde el incuestionable valor que posee el hallazgo entre las piedras del derrumbe de la muralla o reutilizados en una plataforma de un horno metalúrgico, de varios fragmentos de moldura acabada en gola labrada sobre sillares.

Estos fragmentos arquitectónicos, junto a otros que hay incluidos todavía en la muralla y aquéllos que se pueden apreciar recuperados o reutilizados en las excavaciones del yacimiento de la Rábita califal, son un claro exponente de la existencia en la fase arcaica de La Fonteta de un templo, dedicado a una de las divinidades del panteón fenicio, complementaria tal vez de la Astarté que se veneraba en el Castillo de Guardamar y cuya advocación sabemos continuaba en época ibérica.

El hallazgo de estas molduras, reaprovechadas en la muralla de Fonteta IV o en construcciones posteriores, al margen de su valor arqueológico, traduce de inmediato la misma cuestión que afecta a las estelas y betilos recuperadas de la misma forma, es decir, reutilizadas como material de construcción posterior: ¿Se debe a simple material amortizado o tal vez obedece a razones de más profundo calado?

La actividad metalúrgica

La búsqueda y el comercio de los metales se encuentran en la base de la presencia fenicia en Occidente. El abastecimiento de estaño, el monopolio de la explotación de la plata y la introducción del hierro pasan por ser tres facetas de una misma estrategia que posibilitó la interacción entre fenicios e indígenas, tartessios sobre todo, y que adjetiva los desarrollos socioeconómicos de la Protohistoria de España.

Los indicios de actividad metalúrgica han sido hallados a lo largo de toda la secuencia del yacimiento fenicio, si bien poseemos una notable documentación de la Fonteta arcaica. Baste señalar los diversos hallazgos de escoria y restos de metal fundido (plomo, plata, cobre y hierro) en Fonteta VI, una de las últimas fases de la ciudad.

Los recientes registros de 1998 permiten asegurar que desde el inicio del asentamiento, en un momento indeterminado del siglo VIII AC, el beneficio del metal fue inherente a los fenicios que fundan La Fonteta.

Sobre la base de limos rojizos, en el Corte 8 se excavan tres pequeños hornos cuya elevada temperatura alcanzada alteró la coloración de esta base geológica reciente sobre la que se asienta la ocupación fenicia. Dos son circulares y el tercero alargado, habiéndose hallado abundantes cenizas en todos ellos y restos de escoria en uno de los circulares.

El hallazgo de una escombrera de fundición correspondiente a Fonteta II en el Corte 5N ha deparado un abundantísimo material de carácter metalúrgico: cientos de fragmentos de toberas cilíndricas que muestran el extremo introducido en el horno con restos de vitrificación, diversos ejemplares de crisoles sencillos o con peana en los que se conservan adherencias metálicas, numerosos nódulos de escorias y metal e incluso un pequeño horno habilitado en la propia escombrera, con la parte superior de un ánfora A1 invertida y sellada su boca para utilizarla como recipiente de agua. Un fragmento de molde de arenisca parece delatar el objeto fundido: hachas de apéndices laterales. Un platillo de cerámica a mano con punciones externas que no llegan a atravesar la pared es del mismo tipo que los hallados por Schubart en el Morro de Mezquitilla y que también se conoce en Malaka.

Con todo, el mejor registro procede de Fonteta III. En los Cortes 7, 8 y 14 disponemos del mayor número de objetos relacionados con las actividades metalúrgicas de los habitantes de la Guardamar fenicia. En la fase IIIA, un taller de herrero contenía numerosos pocillos-crisoles con tortas de metal adheridas y uno central con un relleno de virutas de metal (hierro acerado). En el mismo recinto, restos de tres ánforas a torno y un píthos a mano quieren indicar un importante volumen de agua necesaria para el enfriado de los objetos que se forjan.

En la dependencia contigua septentrional, un área de triturado de mineral. Y en lo que parece ser un patio o espacio abierto situado al sur, restos de toberas, en su mayor parte crudas. Y ya en otra dependencia, un mazo de minero con ranuras transversales y varios moldes de arenisca.

Fonteta IIIB1 ha proporcionado una nueva escombrera de fundición en donde los crisoles, las tortas de metal, las escorias, las toberas cilíndricas y prismáticas, así como los moldes para fabricar hachas de apéndices laterales, incluso con doble cama, se mezclaban en una amalgama con un notable conjunto de vajilla de barniz rojo, una de cuyas lucernas de dos picos ostenta un grafito alusivo al nombre teóforo de su propietario: MLQRT YSP (“Melqart lo añadió”) según ha podido desentrañar la Dra. Elayi.

Tras los vestigios ya mencionados de Fonteta VI, en la fase VII se ha registrado en el Corte 8 una estructura alargada de combustión - un horno metalúrgico con seguridad - en cuya plataforma inferior había un nódulo de litargirio, es decir, el monóxido de plomo altamente tóxico que resulta de la copelación de la galena argentífera.

Con los datos actualmente disponibles, da la sensación de que tanto Fonteta arcaica como Fonteta reciente ofrecen una caracterización metalúrgica similar, ilustrándonos sobre una de las principales actividades económicas de este centro fenicio de Occidente.

En relación con la metalurgia de las comunidades indígenas precedentes (taller de Peña Negra I), los elementos que ha proporcionado La Fonteta se inscriben en la nueva dinámica instaurada por la presencia fenicia en Occidente: sobre todo el hierro y la plata (metal con que pagan sus tributos a Asiria las metrópolis fenicias), al lado del tipo de toberas tanto cilíndricas como prismáticas, tan conocidas en otros centros fenicios del Mediterráneo central y occidental.

Pero la metalurgia básica de la factoría de la desembocadura del Segura sigue siendo de base cobre. No en vano, el tipo de hacha que se está fabricando en el siglo VII AC en los talleres fenicios de Fonteta II y III es el mismo que desde doscientos años antes venía elaborándose en los talleres de Peña Negra I. Su presencia, incluso monótona, en un centro fenicio puede tener mucho que ver tanto con labores complementarias mineras -deforestación- como con su utilidad segura como escoplo de cantero y tallista. No olvidemos que en esta fase arcaica es donde deben situarse el templo y el tofet cuyas molduras y estelas, talladas con esmero, han sido reutilizadas en la construcción de la muralla de Fonteta IV.

La cultura material

El asentamiento fenicio de la desembocadura del río Segura no sólo nos ha deparado un inmejorable estado de conservación de la arquitectura, sino que también ha proporcionado una masa de materiales arqueológicos que resulta, a todas luces, desbordante y que no hace sino traducir la importancia de las transacciones económicas, el elevado índice demográfico existente y la riqueza de sus gentes.

Tanto a través de la cerámica como de los bronces o los amuletos se aprecia en toda la secuencia de vida de La Fonteta la diversidad del origen de los productos hallados en las excavaciones: Cádiz, Málaga, Cartago y otros centros del Mediterráneo central, y Oriente, para los elementos propiamente fenicios. Las importaciones griegas aparecen desde Fonteta II con cerámicas protocorintias y ánforas SOS, alcanzando un máximo en Fonteta VI con las producciones de la Grecia del Este (Samos, Quíos, Jonia), en la misma línea que lo señalado para Huelva y Málaga. De la fase más arcaica mínimamente documentada (Fonteta IB) procede un skyphos fenicio con engobe rojo y pintura negra que imita los modelos euboicos, similar a ejemplares hallados en Toscanos, Cartago, Mozia y San Antioco.

La Fonteta arcaica depara unos conjuntos materiales acordes con los propios de los restantes centros fenicios del mediodía peninsular y de Sa Caleta. El repertorio más completo procede de Fonteta II y Fonteta III, en cuya diferenciación han vuelto a prestar un buen servicio algunos indicadores cronológicos como es el caso de los platos de barniz rojo (red slip ware, céramique à enduit rouge, rote ware).

El porcentaje de cerámicas a mano es reducido, sin superar valores del 20%. Se pueden establecer tres grupos: el primero de procedencia alóctona, del sur peninsular; otro con pastas ricas en calcita y el tercero, posiblementer local, idéntico a la producción manufacturada de los centros indígenas (Peña Negra I).

Las cerámicas a torno ofrecen igualmente varios puntos de origen, destacando nítidamente por sus características peculiares y por su entidad estadística aquellos productos elaborados en las factorías malagueñas y los importados de Cartago: ánforas, cerámica gris, cerámica sin tratamiento, cerámica de engobe y barniz rojo y cerámica con decoración pintada, esencialmente bicroma.

Las especies más abundantes son las ánforas y la vajilla de barniz rojo. Los platos y las lucernas de uno o dos picos, con o sin tratamiento de barniz rojo, resultan uno de los tipos más comunes, seguidos por los jarros de boca de seta o de boca trilobulada.

La cerámica gris no alcalza en absoluto los valores que después observaremos en Fonteta reciente y su origen hay que buscarlo en los centros de la costa andaluza.

Para la cerámica con decoración pintada hay que subrayar la tendencia hacia una representación especial de las formas E11 (vasos tipo Cruz del Negro) y E13, las tinajas anforoides de cuatro asas geminadas, un contenedor (¿salazones?) tan abundante como las ánforas de vino, mostrando diversas sintaxis decorativas (aspas, circunferencias concéntricas) sobre la conocida temática de base de bandas rojas y filetes negros.

El conjunto cerámico de La Fonteta reciente muestra sensibles diferencias en relación con el comportamiento precedente. Este fenómeno debe relacionarse con los cambios que se producen en casi todos los centros fenicios a partir del último tercio del siglo VII AC, reflejo a su vez del inicio de la crisis de las metrópolis orientales, sobre todo de Tiro.

La construcción del sistema defensivo de Fonteta IV y la reestructuración urbana del asentamiento fenicio encuentran su eco en los cambios sensibles en el comportamiento de los repertorios cerámicos en particular. Para su análisis disponemos de un amplísimo registro propiciado por el carácter de vertedero de los depósitos denominados Ia3, exponentes de la fase Fonteta VI.

El carácter de basurero del depósito ha ocasionado el fenómeno de que en determinados puntos los valores de la cerámica a mano se sitúen en torno al 49%, valor que hemos de considerar, por tanto, anómalo ya que la tendencia en el resto del registro sigue aquella observada desde Fonteta arcaica.

Pero resulta atractiva la hipótesis de entrever en estas fases recientes del yacimiento fenicio una mayor presencia de gentes que desde hace tiempo, al menos desde principios del siglo VII AC, están conviviendo con grupos orientales, según se desprende de la instalación de una factoría fenicia en la ciudad indígena de Peña Negra II.

¿Acaso se produce un repliegue de la población oriental en Fonteta, junto con grupos indígenas fuertemente mestizados? Una clave para semejante cuestión puede darla la cronología de la fortificación, río Segura arriba, del Cabezo Pequeño del Estaño, cuya publicación resulta imperativa. ¿Es el Estaño una forti-ficación anterior a Fonteta IV y se abandona, trasladándose el sistema defensivo a la ciudad portuaria de la desembocadura? ¿O surge el Estaño precisamente cuando se define dicho sistema?.

La nueva orientación que puede estar tomando la ciudad portuaria de La Fonteta reciente se refleja muy bien en la cultura material: los productos de los centros de la costa malagueña ya no son predominantes, a la par que escasean más aquellos fabricados en Cartago. Como contrapartida, nuevos talleres inundan con sus productos la vida cotidiana de los últimos fenicios, más o menos puros, de Fonteta VI-VIII, antes de desaparecer o ser asimilados por lo ibérico.

Las cerámicas de los alfares fenicios locales de Peña Negra II, particularmente la vajilla gris, alcanzan una representación notoria. A su lado, numerosas producciones cuya identificación, a través de análisis intensivos y extensivos de caracterización, resulta apremiante.

El espectro ceramológico de Fonteta VI puede conducir al establecimiento de una facies propia que matice y explique la transformación de lo orientalizante (Peña Negra II) en lo ibérico antiguo (El Molar), llenando ese salto en la génesis del foco ibérico del Bajo Segura. ¿Podría representar el mundo de Fonteta VI el eslabón que explica directamente el surgimiento de la cultura ibérica a partir de la segunda mitad del siglo VI AC?

Los objetos suntuarios que acompañan a este momento del yacimiento fenicio, con una amplia representación de diversos tipos de fíbulas entre los que falta por hoy la anular hispánica, con vasos de alabastro y escarabeos de fayenza y azurita, nos confirman estas sospechas de hallarnos ante un horizonte inmediatamente previo al representado por la necrópolis del Molar, perteneciente sin lugar a dudas al poblado ibérico situado en la orilla izquierda de la desembocadura del río Segura.

Los vasos de huevo de avestruz

A lo largo de la secuencia de las ocho fases de La Fonteta se ha manifestado la extrema abundancia de vasos realizados sobre huevos de avestruz.

Disponemos de más de 150 fragmentos de dichos vasos, que presentan casi todos restos de ocre rojo por el interior y algunos han conservado la decoración externa pintada o la huella mate de ésta tras la desaparición de la pintura.

Estos hallazgos, junto con los realizados en otros centros fenicios, como es el caso del Cerro del Villar, en la desembocadura del Guadalhorce, ponen de manifiesto el carácter no exclusivamente funerario de esta peculiar producción que perdura en época púnica y cuyo sentido simbólico parece haber cuajado en algunos ambientes funerarios ibéricos.

Objetos de metal, amuletos y joyería.

Acompañando a los desechos cerámicos y a los restos metalúrgicos hallados en las diversas fases, La Fonteta ha prodigado numerosos objetos de metal, básicamente de cobre y bronce, al lado de un no menos importante volumen de objetos de hierro.

Un considerable lote de anzuelos, junto a pesos de plomo de redes, no hace mas que confirmar lo que indica la existencia de vértebras, espinas, dientes y escamas de diversas especies de ictiofauna, de las que destacan los escómbridos, que fueron pescadas por los habitantes de la ciudad portuaria de la desembocadura del Segura.

Un conjunto de placas de chapa de cobre o bronce, en ocasiones con roblones de hierro, conforman lo que ha quedado de guarniciones sobre materias perecederas (tejido, cuero, madera).

Del cobertizo de Fonteta VI-VII hallado en el Corte 5 proceden los restos de la guarnición de un cinturón, a base de doble cinta recubierta de hemiesferas de bronce, que debió de ser del mismo tipo hallado en Peña Negra II o en la necrópolis de La Joya, lo que viene corroborado por el hallazgo en el Corte 7 de un broche de cinturón del mismo tipo.

Con los actuales registros, el mayor número de fíbulas y broches de cinturón, éstos del tipo sencillo tartéssico, proviene del vertedero de Fonteta VI. Las fíbulas predominantes son las de doble resorte y las de pie acodado rematado en pequeño botón (tipo “Golfo de León”), junto a otros tipos menos comunes y que sirven de cotejo para el establecimiento de la cronología de dicha fase.

En plomo, aparte de los restos de goterones informes, disponemos de una pesa cuadrada con marca central similar a las aparecidas en otros centros fenicios de Occidente (Guadalhorce) y de Oriente.

De hierro han aparecido numerosos fragmentos de piezas diversas, generalmente de vástago circular, y algunas casi completas (un asador en Fonteta V), junto a varios cuchillos afalcatados.

En el apartado de amuletos y colgantes disponemos de una plaquita calada de esteatita con representación del Uadjet y de la vaca Hathor, una mascara silénica de fayenza, una figura de Bes, también de fayenza, como dos de los cuatro escarabeos recuperados. Los otros dos son de bronce y azurita. De marfil se conservan algunas piezas de muebles, un fragmento de peine y un colgante cilíndrico.

Un entalle basculante engarzado en plata perteneciente a un anillo muestra una esmerada labra con el motivo de Set sedente encima de la línea de la tierra y junto a una flor de loto, todo ello debajo del signo pet, el cielo.

Una muestra de la orfebrería en oro lo ofrece un colgante del tipo de cestita con pirámide de glóbulos que obedece a un tipo muy conocido en el repertorio de la joyería fenicia y que, fabricado en oro o plata, se reparte desde Fenicia y Palestina hasta Cádiz.

Bibliografía Fonteta

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LA FONTETA, 2000.

INFORME PRELIMINAR DE LA CUARTA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES ORDINARIAS EN LA COLONIA FENICIA
DE LA DESEMBOCADURA DEL RIO SEGURA

 (Guardamar, Alicante)

Alfredo González Prats*
Elisa Ruiz Segura

* Universidad de Alicante

 De los días 1 de septiembre a 18 de octubre de 2000 ha tenido lugar el desarrollo de la cuarta campaña de excavaciones ordinarias en el yacimiento fenicio de La Fonteta, una vez superadas las irregularidades administrativas que impidieron el normal desarrollo de la campaña que debía de haberse producido en 1999 y que fueron responsables de la pérdida de una inversión de tres millones de pesetas en el yacimiento.
   Durante los días 17 a 22 de junio se realizó una labor previa de limpieza y acondicionamiento de la zona objeto de los trabajos de este año, practicándose un sondeo en el tercio septentrional del Corte 54.
   En esta tarea se pudo comprobar cómo los trabajos de 1996 no acabaron de retirar las piedras caídas del derrumbe de la muralla de Fonteta IV, apercibiéndonos del volumen de arena dunar que restaba por evacuar. El sondeo proporcionó confirmación de las expectativas que originaron la apertura de los dos cortes previstos: la existencia de un extenso paquete sedimentológico correspondiente a la fase arcaica del yacimiento fenicio.
   En los trabajos de esta cuarta campaña han intervenido alumnos y licenciados de las universidades de Alicante, Murcia, Granada, Complutense, Sevilla, Valencia, Viterbo (Italia) y Beirut (Líbano).
   El objetivo de la campaña consistía en la recuperación de los posibles registros de la fase arcaica (Fonteta I, II y III), según permitía deducir el escaso contacto realizado en la primera campaña, una vez se hubo rebasado en algún punto la base de la muralla.
   De este modo se abrieron los Cortes 1 y 54, separados por un testigo de 0,50 m. Las dimensiones del primero son de 10 x 5 m., medida la anchura a partir de la vertical de la base de la muralla. Por su parte, el Corte 54 era un trapecio debido al aprovechamiento como testigo del perfil iniciado en 1996. Las medidas del mismo son, en sentido de las agujas del reloj, 9 x 7,40 x 9,35 x 5,60 m.
Las dimensiones menores fueron adaptadas al escaso espacio de seguridad que se dejó por el Este hacia el perímetro vallado, habilitándose un paso en sentido N-S mediante pasarelas de madera, lo que permitió el transporte y la evacuación de las tierras de la excavación con carretilla mecánica y carretillas manuales.
   Tras retirar la capa de arena dunar  con un espesor de hasta 1 m. hacia el Este, se manifestó la presencia de un lecho homogéneo de grandes piedras que representaba el depósito de derrumbe de la muralla que inicia la fase reciente de la colonia fenicia. La detenida limpieza de este lecho de piedras proporcionó el hallazgo de varias estelas-betilo, que continúan la serie aparecida en 1996 en los derrumbes interno y externo ­como es aquí el caso- de dicha muralla. Estos hallazgos nos vuelven a emplazar ante la reutilización de elementos religiosos procedentes de la fase arcaica de La Fonteta.
   La retirada del lecho de piedras se ha realizado en ambos Cortes, pero la complejidad del paquete sedimentario que aparecía por debajo de la muralla de Fonteta IV, aconsejó dejar detenido el registro en el Corte 1, centrándose toda nuestra atención en el análisis del Corte 54.
   El sentido O-E de la estratigrafía en este corte, venía a mostrar la posibilidad de la existencia de un foso o terraplén instalado a escasa distancia de la muralla, habiéndose recortado para ello el paquete sedimentario más antiguo. Una de las aportaciones más interesantes de este corte ha sido la detección de un parapeto de adobes sobre zócalo de gruesas piedras, que asienta sobre la misma capa que la muralla (los estratos A4a y A4b). Discurre paralelo al sentido del paramento externo de la muralla, por lo que parece quedar claramente establecida su funcionalidad complementaria con respecto a aquélla. Conserva hasta cinco hiladas de adobes rectangulares. Este parapeto ofrecía, además, una disimetría estratigráfica a ambos lados. En la parte interna, el terraplén o foso mostraba un depósito de varios horizontes de lechos de finas capas de arena y barro, en disposición cóncava. Es decir, se habían ido depositando paulatinamente contra el parapeto. En uno de ellos se halló un conjunto cerámico que incluía varios fragmentos de una copa jonia.
   Por su cara externa, el depósito era otro. La pared de adobes se cayó sobre un estrato ­A3b- de color ceniciento, que procuró, en sus 40 cm. de espesor, un abundante material arqueológico, en el que sobresalen tres fragmentos de copas jonias, dos de ellos de una base con grafito en escritura fenicia. Este depósito, perteneciendo a la fase de Fonteta reciente, carece de atribución precisa a la espera del estudio del material asociado. De momento barajamos la posibilidad de que se trate de Fonteta IV ó V, pues faltan los tipos característicos de Fonteta VI, que era la fase en que primero se pensó por el carácter de vertedero formado contra el parapeto de adobes.
   En esa misma cara externa pudimos observar otro fenómeno interesante para la reconstrucción paleoambiental del yacimiento. En el tramo más septentrional del parapeto no existía el depósito A3b sino una formación de arena de playa -que denominamos A3c-  con numerosa malacofauna marina fracturada y desgastada, pero asociada asimismo a restos cerámicos y de fauna terrestre. Su espesor oscilaba entre 5 cm en su origen y 40 cm en su mayor desarrollo. El contacto con esta arena ha producido una mejor conservación de los adobes, cuyas caras aparecen nítidas y sus límites perfectamente delimitados. No ocurre lo mismo con la pared de adobes contra la que se arrumba el estrato gris A3b en donde la ceniza y las raíces, que penetraron allí buscando nutrientes , han desfigurado la obra de albañilería.
   Aparte del significado de la presencia del estrato de arena marina A3c, en el lado oriental del parapeto de adobes se pudo observar igualmente un estrato de arena dunar que yacía debajo del estrato A3c y que denominamos A3d, con un espesor entre 42 y 22 cm. Su tramo inferior -identificado como A3e-, con un mayor contenido en arcilla, se situaba claramente por debajo del zócalo de piedras del parapeto. Significa esto que en esta zona dicho muro hubo de asentar sobre una formación dunar previa, que podemos datar en un momento inmediatamente anterior a la fecha propuesta para la instalación de la muralla de Fonteta IV y del parapeto que en este flaco oriental se le asocia, es decir hacia 630-620 AC.  La formación marina A3c se encuentra adyacente a A3b y puede datarse entre 620 y 560 AC. Ambos (estratos Aeb y A3c) están sellados por el estrato A3a correspondiente a la caída del parapeto de adobes.
    El descenso en este sector nororiental del Corte se ha pospuesto para la quinta campaña de excavaciones, ya que actuaba como zona de paso para evacuar las tierras del sector occidental, determinado como prioritario.  En cambio, el sector suroriental se excavó hasta la base. Ofrecía tras el estrato gris A3b otros dos que se correspondían con los hallados en la base de la muralla: el estrato A4a formado por abundantes piedras menudas y barro con un espesor de 31 cm. y el estrato A4b, de barro con trozos de adobes crudos, igualmente con 30 cm. de espesor.
   En este sector, la fase Fonteta II venía representada por el estrato A5a, de color gris y con un espesor de 17 cm., que descansaba sobre un primer estrato A5b consistente en una formación claramente de playa que presentaba un espesor entre 38 y 15 cm. El carácter arqueológico de este estrato es evidente ya que junto a los fragmentos cerámicos desgastados por el embate de las olas del mar, existe un abundante material arqueológico no rodado característico de esta fase: cerámicas, metales, escorias y elementos metalúrgicos, así como fauna terrestre no alterada. Este estrato de arena gruesa con abundantes cantos aplanados se superpone ya directamente a una plataforma rocosa que muestra todas las características (superficie abrasiva) de haber sido la antigua línea de costa, que alcanzaba aquí una profundidad con respecto a la cota 0 de -7,36 m y de -7,85 m.
   La recuperación de todo el material susceptible de estudio no sólo arqueológico sino principalmente biológico (carbones, microfauna, ictiofauna,…) obligó desde el principio al empleo sistemático de 10 cribas de malla fina. El volumen de datos así obtenido resulta abrumador por lo completo, pero significó imprimir un ritmo lento a la excavación del paquete estratigráfico de Fonteta II.
   En los tres sectores que se excavaron del Corte 54, los estratos correspondientes a esta fase mostraron su carácter de vertido, pudiendose diferenciar claramente dos grandes fases de colmatación. La fase más antigua venía definida en 54NW por una acumulación de estratos producto de la amortización de diversos hornos metalúrgicos de pequeñas dimensiones, que comportaba la amplia serie estratigráfica B3a-B11, pudiéndose recuperar la forma completa de uno de ellos en el estrato de base (B11) sobre la plataforma rocosa. Este paquete complejo y heterogéneo era cubierto, siguiendo la forma abombada del mismo, por otra serie de vertidos homogéneos donde no se localizaban restos de estructuras metalúrgicas: la serie estratigráfica B1-B3-B4-B5b.
   La complejidad de la excavación residió también en la inclinación de dichos estratos de vertido, que obligaba a agotarlos siguiendo su sentido.
   El material arqueológico recuperado de estos depósitos arcaicos de la colonia han superado incluso nuestras previsiones, manifestándose uno de los conjuntos cerámicos más completos de la cerámica fenicia  del siglo VIII AC, que viene a completar la información extraída en los horizontes similares de los yacimientos andaluces (Huelva, Castillo de Doña Blanca, Málaga, Morro de Mezquitilla, Chorreras y Toscanos).
   De la propia actividad metalúrgica han sido recuperadas numerosas tortas y escorias de hierro y de cobre, al lado de moldes de arenisca, crisoles, toberas, así como restos de mineral argentífero (galena).
   Destacan los hallazgos de útiles y objetos de adorno, todavía más por hallarse en estratos de actividad industrial no de habitación: un fragmento de escarabeo con registros jeroglíficos, numerosas piezas de marfil, abundantes cuentas de collar de fayenza, cornalina y cuarzo, así como diversos anillos, placas caladas y anzuelos de metal (bronce). Es realmente importante el volumen de vasos de huevo de avestruz hallados, muchos de los cuales ostentan decoraciones pintadas con motivos geométricos y florales.
   Entre el material más significativo culturalmente sobresalen tres ejemplares de pesos, una de bronce y las restantes de plomo, característicos del sistema de peso utilizado en los centros fenicios mediteráneos.
   Varias importaciones griegas han ayudado a la datación de este depósito. Se trata de cerámicas protocorintias y de robustas ánforas áticas del tipo SOS halladas que han aparecido en la serie estratigráfica de los vertidos recientes de Fonteta II, lo que de modo preliminar podría situarlos hacia finales del siglo VIII AC. La serie estratigráfica de los hornos ha proporcionado de momento un fragmento de kylix-skyphos de fábrica por determinar en el estrato de playa. Por el material asociado estos depósitos podrían datarse en la segunda mitad del siglo VIII. Para poder afinar más -si realmente existe esa posibilidad- habremos de esperar a una mayor documentación de esta fase o de la fase precedente en el registro que proporcione la excavación del Corte 1, prevista para el próximo año.
   En resumen, las aportaciones más importantes de la campaña han sido de índole doble: arqueológica y paleoecológica. Se ha detectado un sistema de parapetos exteriores que preceden el paramento oriental de las murallas de Fonteta IV, tal vez con una función de contención de avances dunares, y para la fase arcaica del yacimiento los depósitos metalúrgicos de Fonteta II han deparado un amplísimo repertorio de su cultura material y tecnológica. Todo ello junto al descubrimiento de la antigua línea de costa y playa que eran utilizadas como lugar de vertido de las actividades metalúrgicas de los artesanos fenicios del siglo VIII AC.
 
 

Alicante, a 23 de octubre de 2000

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